miércoles, 31 de marzo de 2010

la Iglesia, un emporio hermético

Me preocupa la actitud de la Iglesia cuando trata temas tan importantes como el sida, el aborto o la homosexualidad. Siempre que lo hace esta Institución manifiesta su talante retrógrado, reaccionario y conservador. El año pasado el Papa Benedicto XVI llegó a África en su primer viaje apostólico con la finalidad de “abrazar al continente entero, llevar una palabra de consuelo y esperanza”. Es curioso que pronuncie los sustantivos “consuelo y esperanza” después de declarar que “el condón no soluciona el problema del Sida”, cuando sólo en el año 2008 ha habido 1,7 millones de infectados más en el continente africano, sumando en total 25,3 millones, es decir, el 80% del total mundial.

Pero eso no es todo. Al hablar del aborto, los cardenales y obispos añaden que va “en contra del hombre, de los designios de Dios, de la Cruz de Cristo”. Pese a estas afirmaciones, que por supuesto apesta a campaña reconducida de la oposición, el aborto sigue aumentando; de 51.006 en 1996 a 101.592 en 2006.

Para colmo, cuando tocan el tema gay, está tipificado por la Congregación para la Doctrina de la Fe de 1975 que el acto homosexual es Pecado y la homosexualidad, un tipo de enfermedad del alma que se puede curar a base de muchos “padres nuestros” y “ave marías”.

Si examinamos las tesituras de la Iglesia, nos daremos cuenta que representan un claro obstáculo para la modernidad, la tolerancia y el respeto. Aunque, también es cierto que, en su conjunto, la Iglesia obedece a un organigrama cuasi castrense. No es lo mismo el párroco de a pie que el grandilocuente obispo; el creyente humilde que el beato histórico, el cofrade obrero que el cofrade nobiliar.

Yo llevaría a esos obispos a las aldeas más pobres de África, donde carecen de las condiciones más básicas para la vida, y pondría entre sus brazos a un bebé agonizante por culpa del Sida: Seguro que su opinión sobre el condón cambiaría; yo les explicaría el sufrimiento de una adolescente que quiere abortar, porque no desea que su hijo crezca en el entorno familiar en el que ella se ha criado: Y así evitar las drogas, el maltrato o las precariedades económicas; Yo les enseñaría la impotencia de un homosexual que durante el franquismo escondió sus inclinaciones sexuales: Por miedo a ser recriminado, e incluso se obligó a sí mismo a casarse y a tener hijos para no ser rechazado por la sociedad. Yo les echaría clorídeo en los ojos a todas las personas que no creen en la Libertad. Quizá, sus opiniones se basan en la incapacidad que tienen para ponerse en la piel de la persona afectada. Por eso no me creo eso de que “Dios es amor” y “Dios es perdón” ¡Qué amor y qué perdón más hipócrita!

4 comentarios:

  1. Lo más triste, es que jamás reconoceran que la estan cagando... como siempre han echo en la historia y sinceramente, ya no solo la iglesia... porque esta semana en la que estamos es reflexión para todos... pero ahi esta la gente paseando tronos esculpidos con pan de oro cuando, por ejemplo, poniendo la catastrofe de Haiti, aun hay cuerpos por desenterrar.
    Pero asi es el ser humano.... solo espero que algun dia cambiemos.

    ResponderEliminar
  2. gracias por publicar tu opinión... sí, así es el mundo, por desgracia

    ResponderEliminar
  3. Estamos en un mundo de confusión ideas y sentimientos y entre mas se sabe menos sabiduría se adquiere si te digo la verdad pocos tienen la razón a todo

    ResponderEliminar