jueves, 25 de marzo de 2010

sainete veleño

Se abre el telón. A la derecha se ve una cuadrilla de bebés pataleando y lloriqueando porque les han “arrebatado” el caramelo de miel que tanto les gustaba. A la izquierda un par de personas adultas, iracundas, ataviadas con trajes nuevos a los cuales se les ve la etiqueta de precio (que olvidaron cortar cuando lo compraron), mueven el dedo con soberbia y relamiéndose los labios. En el centro, un hombre chulesco, con pintas de papá, se quita con un palillo de dientes las suciedades interdentales después de haberse comido un buen plato de “cómica independencia”, al mismo tiempo que profiere a los bebés una retahíla de improperios morales (que más les hace encolerizar). Y junto a éste último, una mujer sibilina, redonda y maternal, intenta poner orden a diestro y siniestro.
El ambiente se caldea. Se cruzan más y más insultos fuera de contexto ¡el estrés es un gran mal! Ahora los bebés se lanzan contra los adultos propinándoles puntapiés en las espinillas; en cambio, los mayores les responden con “collejas y pampirotes”. Yo, tú, él, ella, nosotros, vosotros y ellos. ¡Ah! Falta “eso”, de objeto y cosa. Eso es. Ahí está. Eso es un Pleno.

“Eso” ocurre cuando uno se intoxica de prepotencia cívica, efecto de una contaminación de poder. “Eso” es hacer política por políticos que muchas veces anteponen sus propios intereses a los del municipio. El juego consiste básicamente en colgarse medallas lo más rápido posible, elevarlas al elenco curricular y ponerles la zancadilla a los oponentes. Es una lucha constante, con tensiones constantes en cuyo enfrentamiento se difumina la línea del razonamiento, olvidándose de que, quizá, si se derribaran las barreras personalistas y hubiese una mayor colaboración, muchas cosas cambiarían en el municipio. Muchísimas. Pero, por supuesto, la bandera es la bandera y hay que defenderlas a “jierro” y fuego. Solo que al final, cuando se acercan las elecciones, entre pactos subterráneos y alianzas telepáticas, el que antes era “enemigo” ahora se convierte en amigo y ¿Cómo no? tiene una banqueta reservada en la pandilla (en la barra del bar Toto) para confabular contra sus antiguos camaradas entre cerveza y cerveza… Y vuelta a empezar.

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