martes, 6 de abril de 2010

Un gran problema

En el despacho del director de la Escuela-Taller. Hoy me he entrevistado con la madre de una alumna. Hemos tenido una conversación muy amena acerca de las expectativas laborales de su hija. También hablamos de su pasado; un pasado que resultó difícil.

Para empezar, Vicky posee un perfil especial, similar a la de muchísimas mujeres que actualmente sufren serios aprietos económicos. Madre soltera, 23 años, con un hijo de dos. El progenitor renegó de su propio hijo y ella, gracias (por suerte) a la ayuda de sus padres, se vio obligada a criarlo sin ningún tipo de apoyo.

Ahora viene la peor parte. Se supone que vivimos en un sistema democrático, justo y ecuánime, benefactor ante los problemas sociales. Sólo hay que mirar el número de asociaciones e instituciones que prestan una desinteresada ayuda en la calle a los indigentes desamparados. Sin embargo, en ocasiones, los engranajes de este sistema entorpecen tales valores y acaban por perjudicar al más necesitado.

En su caso, Vicky ha recorrido numerosas empresas buscando trabajo. Ha echado docenas de curriculums esperanzada de encontrar un hueco y poder ganarse el pan que le dará de comer a su hijo. No. No es fácil, se decía. Al presentarse en las entrevistas preselectivas, hubo una pregunta que siempre le infundió duda y desilusión. Una pregunta con una respuesta concreta. Una respuesta que no podía obviar, ni mucho menos mentir. ¿Tiene usted hijos? Sí, contestaba. El entrevistador anotaba este detalle y, seguramente, marcaba una cruz de “excluido”. Triste realidad.

Pues yo tengo una pregunta al respecto. ¿No debería tener esta chica prioridad para conseguir un puesto laboral? Y a ésta, otra. ¿No sería más justo que las empresas ayudasen en un caso como éste, dándole la posibilidad de trabajar para que ella pudiera darle a su hijo un porvenir?

Sé que detrás de cada empresa hay unas reglas, unas directrices empresariales y, sobre todo, una persona; una persona con sentimientos, con espíritu, con humanidad. ¿O es que el sistema capitalista en que vivimos nos ha transformado en máquinas insensibles? Vergüenza nos debería dar…

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