sábado, 15 de mayo de 2010

pobreza


La Pobreza, ese Gran Problema que arrasa naciones enteras con pandemias y las subyuga a conflictos bélicos inhumanos. Sus causas son tan heterogéneas como complicadas. En cifras, 1.200 millones de personas viven en la pobreza extrema en continentes como África, Asia o América del Sur. Todos ellos carecen de influencia política, de educación, de salud pública, de viviendas adecuadas, de seguridad personal, de ingresos regulares y de comida suficiente. ¿Cómo combatirla?

A simple vista, la culpa la tienen los países desarrollados. Es el producto de multinacionales, empresas explotadoras de enorme riqueza. Obedece, pensamos, a la absorción de productos del Tercer Mundo por parte del Primer Mundo, es decir, a la avaricia y especulación de éste. Que si los paramilitares de Sierra Leona están matando a sus propios hermanos por culpa de las minas de diamantes, cuyas gemas, más tarde, son exportadas al mercado judío belga y acaban en manos de maridos de clase media que quieren regalarles una joya a sus mujeres, es algo que no nos atañe. Que si entre los congoleños se están exterminando por culpa de los yacimientos de oro y del famoso coltán, material utilizado para fabricar teléfonos móviles en Occidente, no nos concierne. O que si en la primera década del siglo XXI la mayor superpotencia del planeta emprendió dos sangrientas guerras, en Irak y Afganistán, justificadas por la defensa contra el ataque terrorista del 11-S, cuando en realidad los yanquis buscaban petróleo y gas natural, tampoco nos debería de sorprender. Vivimos en una burbuja donde lo tenemos todo. Nos hemos convertido en los animales más egoístas de la tierra.

Hay una cosa que se llama el “Capital” (y que a todos nos vuelve loco). Es la mano que manipula el mundo. La gestión y distribución del Capital en el Tercer Mundo es el punto clave de la cuestión. Mientras haya líderes mundiales que no quieran afrontar la responsabilidad de ayudar a los países subdesarrollados “sin intereses” y, al mismo tiempo, los gobiernos de los países pobres no acaben con sus propios gobernantes corruptos, con las guerras étnico-religiosas y no se les de mayor libertad a las mujeres, todo seguirá igual.

Por este motivo, la Pobreza es una cuestión política y, a la postre, humana. Ya lo decía el comediógrafo latino Plauto hace dos mil doscientos años “Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit” (lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro). Hobbes lo resumió en el siglo XVII como “el hombre es un lobo para el hombre”. Espero que la gente siga soñando con que algún día las naciones pierdan sus fronteras y todos los hombres que pueblan la tierra nos llamemos "hermanos". Así conoceremos al “otro”, y así coexistiremos con respeto…

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