jueves, 13 de mayo de 2010

prejuicios


Diario de un estudiante


A veces creo que no estoy hecho para este mundo. Al menos no para este lugar. Todavía observo tantos prejuicios totalitarios, matices cotidianos de rancio abolengo, que me desinflo como un globo en un cumpleaños infeliz. Supongo que es el espíritu desobediente que aún llevo dentro. No soporto la actitud de mucha gente y, por eso, me entran ganas de evaporarme para que el viento arrastre mis partículas lejos de aquí.

Hoy ha venido a la Escuela una Inspectora de Málaga. Ella es la encargada de supervisar todas las instituciones de esta índole a nivel provincial con la finalidad de que funcionen correctamente. Ha inspeccionado mi clase la primera. Uno a uno nos ha ido preguntado sobre el tipo de trabajo que estamos realizando. Mis compañeros, algunos de ellos parcos en elocuencia, contestaban con monosílabos, actitud que pareció exacerbarla.

Desde el principio notaba una energía negativa fluyendo entre nosotros. En especial, entre ella y yo. Me lanzaba, de trecho en trecho, miradas inquisitoriales. Creí que se trataba de una fachada, un comportamiento metódico para aparentar rectitud o seriedad. Lo más seguro era que, como aquella mañana cubrí mi cabeza con una boina y tenía la barba más crecida de lo normal, a la inspectora no le pareció correcto “mis pintas”. Y estas sospechas quedaron bien fundamentadas pocos segundos después.

Se topó con Jorge, alumno que se sienta delante de mí. Jorge tiene rastas, barba rala, pendientes en las orejas y un aro en la nariz. Los ojos de la inspectora se sobresaltaron y, tras preguntarle acerca de un ejercicio que estaba desarrollando, le instó a que viniese al centro “con decencia” ya que aquellos metales colgados de su cara daban mala presencia, tan mala como un pordiosero.

Vale. Comprendo que las personas que trabajan de cara al público en determinados contextos tengan que cuidar un poco su imagen, como mi vecino Ismael, que tuvo que ocultar el tatuaje de su antebrazo par conseguir un puesto de trabajo en el Eroski. Ahora va siempre en mangas largas. Me pregunto qué hará cuando llegue el verano.

Pero éste no es nuestro caso. Nosotros estudiamos en una Escuela, encerrados en un edificio y sin tener apenas contacto con el exterior. O sea, que no me gustó nada la actitud de la inspectora, porque observé reflejados en ella todos esos prejuicios (estéticos y arcaicos) que aún se mantienen en nuestra sociedad.

Hablo de las etiquetas, de los encajonamientos o de la apariencia física. Estamos acostumbrados a visualizar el exterior, pero nos olvidamos de mirar el interior. Esto me recuerdas a Londres. Allí “las pintas” no importan. Puedes ver a un ejecutivo trajeado con enormes rastas o a un policía con múltiples pendientes en las orejas y nadie dice nada. Puedes fijarte en un punky trabajando en un McDonald´s y nadie lo mira con los ojos desorbitados.

Aquí todavía arde la llama de la superficialidad, el qué dirán o pensarán. ¿A quién le importa el interior de las personas? “Si tu pelaje no es de color blanco, eres una oveja negra”.

1 comentario:

  1. yo soy jorge y doy fe de estooo!!!¬¬ ajajj

    ResponderEliminar