jueves, 20 de mayo de 2010

Relato: Ave Fénix

Aquí os cuelgo un nuevo post. Es un precioso relato de una chica anónima bajo el pseudónimo de Nirvana. Disfrutad


Érase una vez, hace mil años y solo un instante, en un lugar donde el sol acaricia al marjal saludándolo cada amanecer. Por ser mágico, no se encuentra enclavado en mapa alguno.

El astro rey, brilla sin igual, alumbrando y calentando, y al llegar la noche, se retira para que miles de estrellas, que lucen como brillantes luceros, acompañen a su amada y hagan aún más hermoso y romántico el cielo de aquel paraje sin igual.

La reina luna es coqueta, cada noche cambia de traje, y luce igual de bella, de plata o anaranjada. Pero, eso sí, no olvida ataviarse con los mejores complementos: rayitos de luz, que desde el otro lado del cielo le manda su amor.

Aromas, trataré de indicarte. Rosas y mil rosas, rambler color salmón, indigaleta azul lila, bukala, naranja puro o la olorosa scarlet. Racimos de color rojo pasión, incomparables en belleza, florecientes de junio a noviembre. Es la emperatriz de todas ellas, killar.

En este paraíso, no existen montañas. Todos están nivelados, porque ningún ser esta a mayor o menor altura que otro. Una hierba, aterciopelada y acogedora, se encarga de servir de asiento a todos sus habitantes, hadas, duendes e infinidad de seres, todos hijos de la magia. Ríos y lagos disfrutan de regalar su agua cristalina, tan dulce y fresca como no se conoce en ningún otro lugar.

Adano, es un pez. Lo es porque el axial lo deseo. Es sencillo, sincero, y muy comunicativo. Le gusta sumergirse una y otra vez, y explorar toda clase de maravillas que viven en aquel universo acuático, para después volver a la superficie y contárselo a su gran amiga. Adano y Evana son almas gemelas. Dios los creó en el principio de los tiempos, y por ser tan semejantes, una especie en extinción, les concedió la gracia de vivir juntos por siempre jamás, además de dotar a ella del don de la inmortalidad.

Cual ave fénix, Evana renace con cada día, pensando en vivir y disfrutar de aquella felicidad maravillosa.

-Dime, Adano, ¿para que llevas siempre contigo un botiquín?

-Hay que ser previsor - le contesta él -, no dejas de jugar y revolotear, eres tan patosa y despistada que temo que algún día, en un traspiés, termines por lastimarte.

-Y la cámara de fotos, dime, ¿para que la llevas contigo, para inmortalizar ese ínstate? - le preguntó.

Un pensamiento fugaz cruzo su mente y su mirada se nublo. Solo pensar que su amigo pudiera burlarse de ella, le entristecía el alma.

-Te equivocas, como casi siempre. - contestó él, sabihondo y sonriente - La llevo para retratar el canto del mejor pájaro, el olor de tu flor favorita, envolverla con papel de besos y sueños, y hacerte un regalo.

Ella quedo boquiabierta, sin saber que responder ante tan inigualable presente.

-Tengo hambre, casi es la hora de la cena. Mientras saludabas a Tritón, he recogido para ti algunas viandas.

-Gracias Evana, ¿qué me has traído?

-Melón, uvas, sandia, plátano, y tú favorita, fresa.

-¡Estupendo! Pues, ¿a qué esperamos?

Y manos a la obra, entre risas y desacuerdos, planeaban la salida del día siguiente.

-¿Donde me llevarás?, preguntó ella deseosa de conocer el rumbo de la siguiente excursión.

-Te voy a llevar a conocer a mi buen amigo, Ictíneo.

-¡Estupendo! - se alegró ella entre palmas.

-Sabrás que él es un algarrobo. Siempre que lo visito me da la bienvenida con sus ramas abiertas, éstas, llegan hasta el mismo suelo, allá en el fondo del mar. Seguro te preparará algo dulce y exquisito, sucedáneo de chocolate que extrae de sus frutos. Pero no creas que solo te ofrecerá eso. Con sus semillas ha preparado para ti un collar de perlas, cuya medida exacta es el quilate.

-Sí, es especial Ictíneo, sin lugar a dudas.

-Pues eso no es todo. Le pediremos tierra de la que crece en su interior. Ésta sirve de abono, y con ella, bañaremos tus rosas y florecerán increíblemente hermosas.

Adano, ya no pudo seguir hablando, pues observaba como ella se había dormido junto a él, mientras él le explicaba:

-No te duermas aún, no lo hagas si antes no has tirado tus momentos malos a la hoguera de los malos sueños. Quédate tranquila, amiga mía, todos ellos se fueron en el momento en que tu me abrazaste.

Y juntos durmieron, esperando un nuevo amanecer… Y siempre fueron felices, por todos los tiempos.

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