miércoles, 16 de junio de 2010

5 años de Memoria Histórica en la Axarquía. Cuarta parte parte


LOS PRIMEROS PASOS

Periana fue uno de los primeros pueblos malagueños que pidió la subvención destinada a investigar el cómputo de represaliados republicanos desconocidos por aquel entonces.

Mi labor como historiador, alejada de arbitrariedades y sectarismo políticos, se basó en escribir una síntesis, que más bien rozaba lo estadístico. Hice un cálculo de fusilados, presos políticos en cárceles o Batallones de Trabajadores, personajes que ostentaron cargos políticos importantes. Saqué el porcentaje de vecinos que huyeron a la zona republicana tras la caída de la provincia en febrero de 1937. Entrevisté algunos testimonios de la guerra: Historia Oral, etc.

Al concluir el estudio, nuevamente me abrumé por las cifras. Eran más de cincuenta represaliados en este pueblo. Me preguntaba que, si había tal cantidad de muertos aquí, ¿cuántos podría haber en total en la Axarquía?

Tengo entendido que en Periana vivían varios “historiadores locales” que pudieron haberme ayudado. Pero como ocurre en estos casos, el monopolio de la información, o el afán coleccionista de estas personas, me hizo sospechar que este trabajo lo tenía que hacer solo. Y aprendí muchísimo de ello. Aprendí a desenvolverme en los archivos, a buscar en tal o cual documento, a examinar cada esquina de la habitación, porque en cualquier lugar podría aparecer algún legajo o papel suelto con datos valiosos.

Como ejemplo pongo el caso del Archivo de Riogordo, donde hallé, oculto entre los folios sueltos de una antigua carpeta, el registro carcelario del Arresto Municipal de los años correspondiente a la guerra. Nadie en ese ayuntamiento, ni siquiera el secretario, era conocedor de esto.

Por aquel entonces muy pocos Ayuntamientos tenían conciencia del valor histórico de sus Archivos. No se molestaban en catalogarlos o protegerlos, prefiriendo su eliminación antes que su conservación. De este modo, muchos documentos de los archivos municipales se han perdido por la propia mano de los ediles de turno prefiriendo, para desocupar una habitación con la finalidad de reutilizar el espacio, deshacerse de “esos polvorientos papeles”.

En el caso de la Axarquía, para nuestra suerte, en los años 90 se inició un plan obligatorio de reestructuración y catalogación de los Archivos. No obstante, aún existen casos de negligencia, pues un gran número de ellos se encuentran en situaciones muy precarias.

El 2005 fue un año fructífero. Más pueblos investigaron su pasado: Riogordo, Colmenar, Alfarnatejo y El Borge. Todas estas iniciativas se fraguaron gracias a la diplomacia de Miguel Alba, sin el cual yo no habría podido elaborar los trabajos. Él se encargaba de concienciar a los alcaldes sobre la necesidad de aprovechar esta coyuntura. Mientras tanto, yo seguía ganando experiencia.

A su vez, Las puertas de los juzgados militares se abrieron por primera vez para los investigadores, y yo aproveché esta oportunidad. Se me mostró, de esta manera, un mundo nuevo. Era como un diamante en bruto, a cuyos archivos solo unos cuantos privilegiados habían podido acceder antes (con un permiso especial). Tuvimos la oportunidad de tener en nuestras manos los consejos de guerra de la mayor parte de los enjuiciados por el aparato represivo militar. De estos expedientes podíamos extraer datos valiosísimos e inéditos.

En Vélez-Málaga las cosas se movían lentamente. Había cierta apatía entre los grupos políticos. Sin embargo, El “Foro por la Memoria” inauguró un memorial en Torre del Mar en recuerdo de las víctimas del bombardeo de la Carretera Málaga-Almería. Dos años más tarde, a partir del 2007, se erigió un monumento conmemorativo y organizaron marchas-homenajes.

EL PRIMER TROPIEZO

Sucedió a mediados de abril de 2007. Se acercaban las elecciones municipales e I.U. organizó un homenaje coincidiendo con el 74 Aniversario de la proclamación de la II República española. La celebración tuvo lugar en el cementerio y ya aprovecharon para homenajear a los fusilados.

Mi primera reacción fue la sorpresa. Sorpresa porque no avisaron a la Asociación de Miguel Alba (que desde tiempo atrás se estaba moviendo por aquí), ni siquiera a mi que había intentado unir los esfuerzos de ambos. Creí que todos juntos podríamos alcanzar la meta porque a todos nos interesaba el mismo fin.

Llegué a entrevistarme con Carmela, concejala del Ayuntamiento. Les invité personalmente a que se reuniera con la Asociación, e incluso le entregué varios consejos de guerra de algunos allegados de su partido. Les ofrecí mi ayuda incondicional. Pero no prestaron mucho interés. Entonces supe que aquello era una cuestión política. La “batalla” por el monopolio de la “Memoria Histórica” había comenzado, aunque yo tenía mis ases bajo la manga.

Sabía que aquel evento iba a ser una patraña demagógica de exaltaciones partidistas. Así pues, ganarse un voto era tarea primordial y en el juego pre-electoral se permitía de todo. Antonio Souvirón, secretario general del PSOE de Vélez, era un coloso al que había que derribar fuera como fuese. Había que demostrar que era un cacique, un déspota engreído y un “derechón” con máscara socialista (como así ciertamente lo había mostrado durante tanto tiempo en el poder).

A mí, en realidad, todas esas tramas palaciegas me traían sin cuidado. Lo que no admitía era el descaro de encubrir un evento social con un acto político en toda regla. Aquello iba a ser más bien un mitin que una loa a los fusilados. Ya que ¿Cómo podían hacer un acto en honor a las víctimas si carecían de toda información práctica sobre la fosa común que allí ubicada? Yo tenía toda esa información, se la hubiese dado si me hubieran llamado. ¿Por qué esa indiferencia?

Escribí unos panfletos reivindicativos. Unos prospectos informativos acerca del cómputo de represaliados, la ubicación de la fosa y un texto crítico, muy crítico. Imprimí unas treinta copias y me trasladé al cementerio.
Me acompañaban mis buenos amigos Lourdes y Salcedo. Lourdes me advirtió que cesara en mi empeño, que no lo hiciera porque mis intenciones podrían ser interpretadas como un boicot. Mi juventud intrépida no obedeció sus consejos, aunque fui prudente al principio.

Al acto sólo asistieron una veintena de militantes del Partido Comunista. Esperé. Disertaron Salvador Marín, secretario general de I.U. de Vélez, y José Luís Cabello, directivo del “Foro por la Memoria”. Mis prerrogativas se cumplieron. Sus discursos se centraron en la campaña política que se avecinaba, desprestigiando al Alcalde Antonio Souvirón. A mi eso me daba igual. Lo que no me dio igual fue que mancillaran unos nombres, unos hechos históricos, mezclándolos con política pre-electoral, es decir, empleando un discurso que quedaba fuera de contexto.

Tampoco referenciaron a Miguel Alba, a la Asociación de Málaga o a mis propios estudios. Semanas antes nos habíamos reunido algunos familiares de los fusilados y, pese a que les entregué en mano una carta de invitación, ni I.U. ni “Foro por la Memoria” acudieron.

Cuando las cámaras de las televisiones locales cortaron y se marcharon, contraataqué. Repartí algunos panfletos y se prendió la mecha. Me encontré en la cueva del lobo. En cuestión de segundos me rodearon media docena de caras inquisidoras vociferando palabras encolerizadas. Creí que acabarían linchándose, pero mantuve la calma en todo momento.

Al final, Salvador Marín habló conmigo. Yo le pregunté porqué no habían avisado a Miguel Alba para aquel evento, porqué no había dado datos sobre la fosa, porqué no colaborábamos juntos. No supo qué contestar argumentándose en que ellos eran “políticos” y lo otro quedaba en manos de historiadores como yo. Pero volví a insistir y le pregunté que si ellos eran también el “Foro por la Memoria” (incluso uno de sus directivos es historiador), ¿por qué no realizaban investigaciones? No hubo contestación.

Salvador me dio a entender que aprobaría una puesta en común entre las asociaciones. Le di mi teléfono. No obstante, abandoné el cementerio con una sensación agridulce. Sabía que, en cierto modo, había cometido una imprudencia presentándome de esa manera. Quería dejar claro que aquel “jovenzuelo insensato” haría lo imposible porque las cosas se hiciesen de otra forma. Lo cierto es que en este juego las puñaladas por la espalda abundan en demasía como más adelante supe.

Por la noche recibí una llamada. Era José Luís Cabellos. Pensé que me llamaba a razón de lo que acordamos. No fue así. Durante cuarenta minutos este señor soltó toda una retahíla de improperios e insultos contra mi persona. Me tachó de “niñato”, "exclusivista", "indigno". Me dijo en un tono de constante amenaza que le había faltado al respeto a Salvador Marín, a su madre, a su familia (éste individuo tiene dos tíos fusilados). Me instó a que me excusara personalmente ante Salvador.

No tuve fuerzas para colgar el teléfono. Me quedé en blanco. Cuando me colgó, estaba tan nervioso que no pude reprimir la impotencia. En seguida, llamé a mi amiga Lourdes contándole lo sucedido. Ella y su compañero Juan Miguel me tranquilizaron.

En aquel instante todas las calamidades que había estudiado en los consejos de guerra, (asesinatos, denuncias y fusilamientos) se me antojaron tan reales que casi pude palparlos. Me imaginé a este señor portando un mono de miliciano dándome "el paseo". Percibí un lenguaje afilado, un tipo de extremismo comparativo al de aquellos tiempos y eso me provocaba miedo, aprensión de pensar que hubiera gente así en el mundo, que antepusiera los intereses políticos a la cordura.

Pasé varios días meditando. Me sentía tan afligido que deseé abandonar la investigación. "el hombre es un lobo para elhombre", afirmó Thomas Hobbes. Yo nunca he querido ser un lobo; jamás me ha gustado la lucha competitiva e inmoral que los hombres llevan a cabo por conseguir sus objetivos. Desagraciadamente, la vida es así de dura, pese a las convicciones que cada uno pueda tener.

Mis intenciones eran cristalinas. Pero está claro que bajo la mente ofuscada y oscura de los políticos sólo existe "malaleche".

Me recuperé de ese batacazo pronto y escribí un artículo crítico que se publico en el Diario de la Axarquía en el mes de octubre del 2007:

"Dicen que la verdad duele. Y si el dolor te sirve para aprender a ser más humano, pues mil veces dolor. Lo contrario es el orgullo político convertido en dolor fingido. Por consiguiente, tal y como afirmó Aristóteles, el hombre es un “zôon politikón”. Aunque más bien en este incomprensible mundo existen multitud de “animales políticos” convertidos en leones irracionales, impetuosos e insensatos. Jamás habría imaginado que pudiésemos llegar a ser tan advenedizos por cuestiones políticas. Y si ello transforma el interior de las personas en cieno negro, prefiero no tocarlo a que me despoje del raciocinio.
Me estuvo machacando durante cuarenta minutos vía onda ionizante y yo, ¡inocente de mí!, escuché detenidamente aquel argumento cargado de contradicciones. De trecho en trecho intentaba silenciar los rugidos del león mediante frases juiciosas acordes con un debate justo y democrático, pero era imposible acallar sus instintos agresivos. Me degradó a un nivel bajo y me hizo sentir “pan regañado” a causa del bombardeo psicológico propio de un individuo disgustado con todo lo que le rodea, hasta consigo mismo.
Entonces, cuando concluyó aquella estrategia despreciable, mil lágrimas de impotencia resbalaron sobre mi espejo. Fue un mazazo en toda regla. Pero me sirvió para tocar con mis manos la badana de las vanidades… me sentí sucio. Ni la edad ni las carreras universitarias hacen más grandes a las personas. La grandeza yace en la humildad".

No hay comentarios:

Publicar un comentario