lunes, 28 de junio de 2010

Descendimiento


Descendimiento
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Todo es una mentira. Desde que nacen hasta que mueren, viven en una completa mentira, construida por los seres que, como ellos, forman parte del sistema.

Todo es una mentira. El trabajo, las expectativas de futuro, la familia, las responsabilidades. Necesitan encajar en el circuito de la sociedad, sentirse útiles, para, luego, sucumbir a la inútil esclavitud. Y si en algún momento no cumplen las pautas que se auto exigen, acaban sumergidos en la más profunda apatía. Por eso atan los cabos, los aprietan bien fuerte y se hunden en la miseria lentamente. Llegada la vejez, se preguntan qué han hecho; recorren con la mirada en lontananza los pasos que anduvieron: Nada, no hay nada.

Nada, excepto tú, Moisés. Cada mañana te levantas sin comprender lo que ocurre a tu alrededor, ofuscado por el narcótico de la rutina. Llegas al trabajo y te topas con las mismas personas, ves las mismas caras, oyes los mismos comentarios tediosos.

Competitividad. Absurda competitividad. Tus propios compañeros, en vez de ayudarte, están pendientes a que tropieces. Quieren que seas como ellos, por eso te presionan. Novicio, eres un novicio, te reprochan. Juventud, adorada juventud. No les hagas caso. Es tu forma de ser, lo llevas en tu sangre. No te preocupes. Hay muchos como tú.

En las mareas de la existencia debe de haber diversidad; buenos y malos, fanáticos y tolerantes. Si no fuera así, el zorro no tendría razones para salir de su madriguera. Cada cual porta un cubil a sus espaldas que tiene que cuidar. Tan solo tienes que elegir un sendero que te aporte cosas buenas. Es simplemente tu felicidad.

Moisés, eres peón en tránsito dentro de un tablero de ajedrez. No entres en el juego, pero actúa. Muévete como los demás, estrategia épica, pero no tengas el mismo fin que los otros participantes.

¿Ves ahora más claro tu destino?

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