viernes, 9 de julio de 2010

STREET VIEW y el Gran hermano


Atención. Hoy el periódico el País ha publicado una noticia que, quizá, haya pasado desapercibido para los lectores. Sin embargo, por su relevancia, hay que suponer que se trata de uno de los atentados contra la privacidad más notorios del siglo XXI. Visto lo visto, sobre todo, nadie debería quedar impertérrito por lo sucedido y deberíamos tomar carta en el asunto.

Todo el mundo, o casi todo el mundo, conoce “STREET VIEW” de Google. Es un coche que se pasea por las carreteras del mundo lanzando fotografías a “trocho y mocho” con un único objetivo: Una vez almacenadas las fotos, permite a los usuarios de Internet, al empelar Google Map o Google Earth, ver en 3D (y con imágenes esféricas) los lugares seleccionados como si uno mismo los estuviera visitando en primera persona. Esto, a simple vista, supone un avance superlativo en las tecnologías internautas porque cualquier persona desde cualquier parte del mundo puede visitar virtualmente cualquier calle metropolitana, carretera o senderos del planeta con una precisión inaudita.

Eso es. Asombroso. Pero detrás de esto, ¿cómo no?, se encuentra algo terriblemente siniestro. Hasta que no se les ha visto el plumero a los tipejos de Google, no se ha sabido la verdad. Y es que el susodicho coche realizaba, a parte de capturar imágenes, una tarea oculta, secreta, digamos que disimulada. Al mismo tiempo que lanzaba fotos, sustraía todo tipo de datos, incluidos correos electrónicos y contraseñas, de redes wifi abiertas por donde quiera que iba. Para el que no entienda esto: lo que el horrible coche tenía entre manos supone un delito contra la privacidad de enormes proporciones, o sea, que es como si permitiéramos a Google entrar en nuestro buzón de cartas, en nuestras cuentas bancarias, números de documentos oficiales; ver la factura de la luz, del agua y la comunidad; o, en tono más irónico, sentarse en tu salón, fumarse un puro y largarse de allí con tu vida en un pendrive.

Es más. No hace mucho Google propuso a las multinacionales de la informática y a Estados Unidos que, aprovechando el rollo del peligro del terrorismo, pudiesen acceder por medio de las Webcams (encendidas y no encendidas) a las habitaciones de todo el mundo mediante un censor que les permitía saber cuántas personas se encontraban delante del ordenador. ¡Terrible! ¿No?

Mi opinión es que, si permitimos que cosas así se aprueben o se hagan, estamos abriendo las puertas al Gran Hermano, al control total de nuestras vidas. Ya de por sí los Estados nos controlan bastante; pero una cosa es eso y otra, que nos vigilen en nuestro propio entorno privado, en el interior del hogar.

El responsable de Google se ha disculpado y dice que abrirá un expediente al encargado de turno. Alguien será la cabeza de turco y todo se habrá olvidado. Aunque NO SABEMOS SI ESE COCHE SIGUE ROBÁNDONOS NUESTRAS CONTRASEÑAS O SI UTILIZARÁ LOS MILLONES DE CÓDIGOS Y DATOS PRIVADOS.

El Gran Hermano ha llegado.

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