martes, 21 de septiembre de 2010

la esencia de la vida


Arriba en la montaña me hallo de nuevo. Observo en lontananza el horizonte, tantas veces examinado como la foto manoseada de alguien que hemos querido y que ya no está entre nosotros.

Los años comienzan a pesar pese a la juventud de mi espíritu inquieto. Hurgo en las heridas por si, casualmente, han cicatrizado. No hay dolor ya. La amargura del poeta se ha marchado mientras que, ahora, permanece el desconsuelo del sabio.

Jamás comprenderé esta vida. Es imposible, pensaba. Renuncio a ello.

Entonces, cojo el caleidoscopio. Entonces, mi alma se libera. Entonces, puedo ver con mayor claridad todas esas imperfecciones que rondan mi cabeza. Entonces, la persiana se levanta para dejar pasar la tibia luz de una primavera deliciosa, pacífica, cargada de sosiego.

Nunca dejo de aprender.

He aprendido a escucharme y a escuchar. He aprendido a reprimir mis instintos negativos y expulsar los demonios del pasado. He aprendido a ser aún más generoso, humilde, sensible. He aprendido a dejarme llevar por las olas de lo cotidiano, vadearlas y cambiar de dirección sin ningún motivo aparente. He aprendido a no darle a una cosa más importancia que la que se merece. He aprendido a sentir los latidos de mi corazón. He aprendido a conformarme con mi inconformismo. He aprendido a ser yo mismo… aunque aún puedo aprender más y más y más.

Esa es la esencia de la vida.

1 comentario:

  1. Guauuuuuuuuuu,se me ha puesto la piel de gallina,muy bonito y espero q sincero. un bso, Erika

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