lunes, 11 de octubre de 2010

la vieja encina


A mi querido padre:

Horas muertas de una larga espera con un desenlace impredecible. La débil luz de otoño se filtra por el cristal turbio de la ventana iluminando la estancia del hospital, cuyos haces rebotan en las blanquecinas paredes y dibujan un aura plomiza que mengua perezosamente hasta que las sombras me engullen.

Miro afuera, escruto el horizonte. Allí, en la lejanía de mis recuerdos, lo puedo divisar rodeado de arbustos, olivos, cañaverales, viñas. Allí yace la vieja encina, apagándose como las tímidas llamas de lo que había sido con anterioridad un vasto incendio.

No puedo creer que la vieja encina se esté muriendo por la acción de los parásitos. No puedo verle deshojarse con cada hora, minuto, segundo transcurrido. Antaño, había exhibido una salud tan generosamente imperecedera que era la envidia de los encinares; ahora, al límite de sus fuerzas, lucha por mantenerse erguido cual velero enfrentándose a una terrible tormenta.

Me acuerdo cuando me resguardaba a la sombra de sus ramas como un niño asustadizo. Recuerdo el temor que me imponía por su carácter severo, rudo, insensible… Encina de mi corazón, ¡no te marchites! Tardé mucho en comprender el amor que me profesabas, pero ahora te quiero más que nunca y no quiero que te apagues. Se que la vida es así; unos se marchan, otros vienen; pero tú aún eres longevo. ¡Si al menos encontraran un remedio para combatir esos malditos parásitos!...

No creo ni en Dioses ni en providencias. No creo en milagros. Soy un sujeto contra las mareas de la vida. Locura. Mi alma en nitroglicerina. Huracán de pasiones perdidas. Así era yo. Así es mi alma. Y tú nunca llegaste a comprenderlo, vieja encina, hasta que entendí los secretos que escondías en tu sabia.

Aquel niño asustadizo llegaría a ser una gran persona que haría grandes cosas para los demás, que sería humildemente grande, como tú. Entonces, empezaste a tratarme con respeto, con el pecho hinchado de orgullo cuando hablaban de mí, por mis logros conseguidos, por mis metas alcanzadas: Todo lo hice por ti, por que te enorgullecieras de mi, tú, que me has regañado tantas veces, pero que tantas veces te has preocupado por mi.

Ahora imploro a tus raíces que se mantengan agarradas a la tierra; porque todavía tienes muchos nidos que cobijar, flores que echar, lluvia que absorber: Amores que serán tallados en tu tronco… Encina de mi corazón, ¡vive, vive, vive!


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1 comentario:

  1. Como me has recordado los años de mi infancia bajo un algarrobo tumbado , mi vida siempre se ha ligado a esta palabra Algarrobo, ese és el pueblo que vieron los ojos de mi madre por primera vez, Algarrobo,la esencia de mis juegos , el arbol de mi infancia , Algarrobo, Garrofero,el mote de mi familia politica, y en un futuro?, que Algarrobo se asomará a la puerta de mi vida ???

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