lunes, 4 de octubre de 2010

Tratado sobre política II por Miguel Ángel Torres

Contestación al post anterior:

Tienes algunos flashes brillantes en esta reflexión de hoy. En conjunto es muy acertada, si bien no comparto el tono pesimista o la actitud de "todo es así, y punto". Siempre hay matices.

Verás, desde muy joven, quizá demasiado, tuve inquietudes de participación, de vivir la actividad social para disfrutar, o aprender y, si llega el caso, cambiar lo que toque cambiar. Y eran buenos años para ello. Desde 1983 hasta 1999, desde los 16 hasta los 32 años, he pertenecido a cuatro o cinco movimientos o asociaciones diversas: Ecologista, Pacifistas, de Estudios de la Axarquía, Vecinales, de pintura, etc. Recuerdo que ya en 1985 hubo en el ayuntamiento de nuestra ciudad un consejo de la Juventud, y allí estábamos. Cuando ahora veo a líderes de juventudes de ciertos partidos, o portavoces de esos consejos, con edades que rondan la cuarentena, me parto de la risa.

No soy un ser muy volcado a la sociabilidad y al protagonismo público, pero inevitablemente se aprende y uno se hace más un "homo politicus", un hombre del ágora.
Nunca estuve afiliado a un partido político, si bien en 1999 desde fuera me uní en la candidatura de IU, por afinidad de actividades y sintonía con la gente, básicamente con Victoria Naranjo.

Pero pronto se hallan escollos dificil de asumir por alguien que quiere ser un libre pensador. Porque nuestra base pacifista, ambientalista, humana, igualitaria, no traga con las máximas de una organización fascistoide, llámese Confederación de Empresarios o PCE, incluido todo lo que hay enmedio. Privilegios y decisiones arbitrarias hay en muchos sitios, en los cuales nunca estaré. Y todo se alimenta con reparto de favores y nóminas totalmente supeditadas a apoyos incondicionales. Porque mucha gente nunca conseguiría lo que disfruta sólo con sus cualidades. Y defenderían hasta la muerte lo que saben que no volverán a alcanzar si tienen que medirse con alguien más cualificado, o más bien con alguien no del todo inepto.

Igual de imbécil es el potentado que protege su gran acumulación de bienes robados (inmuebles, vehículos de lujo, dinero efectivo...) mediante subterfugios legales, con abundante efectos armados y dispuestos a llegar al crimen (seguratas, policia, alarmas); que el revolucionario semiprofesional que emplea la violencia para poner en escena actividades coercitivas: piquetes de intimidación, sellado de cerraduras, piedras arrojadas, barricadas... Nunca el fin justifica los medios. Ni acciones propias del siglo XIX van a ser viables hoy día, pues tan obsoleto es apelar a la tradición sindical obrera y sus medios, como pretender implantar en los hogares actuales, y por la fuerza, la hegemonía del macho sobre la fémina, o que de los presupuestos de la administración pública se siga financiando la tortura y muerte de toros. Formas de violencia que, repito, debemos enterrar junto con el siglo XX.

La inmensa mayoría de la población normal es egoísta, primaria, reaccionaria, consumista y cortoplacista. Lo sabemos, y todos tenemos algo contaminado ya, pero no estamos conformes. Y quizá podemos hacer algo. Que ciertas generaciones estén maleadas no significa renunciar a elevar el nivel de exigencias (educativo, cultural, sociable) a los que vienen detrás. Cuando veo grupos de quinceañeros en los parques con bolos, o los valores dominantes en ciertos conciertos, o grafiteros haciendo pintadas con cierto mensaje irónico, algo brota en el páramo. Después de un verano tan duro y seco, a final de agosto ciertas lomas áridas se cubren de una extraña flor blanca. Son esparragueras que dicen que un mes después vendrán las lluvias y asomarán tallos verdes y comestibles.

Hace cuatro años, en cierto ambiente tedioso de rutina laboral, familiar, existencial quizá, me matriculé en Ciencias Políticas. Extraña pirueta de un Ingeniero a las letras, a las humanidades más etéreas. Ahora que empiezo quinto, me doy cuenta todo lo que me queda por aprender y reflexionar. Debe ser cierto que un título universitario se lo dan a casi cualquiera. Y totalmente confirmado que para forrarte el único master válido es saber colocar solerías o arreglar cisternas; eso sí, con la misma verborrea y desvergüenza a la hora de pasar la factura que la banca hace con las comisiones de nuestra pasta.

Dicen que un cargo político es a un politólogo lo que Rappel a un astrónomo de la Nasa. Y ya quisieran algunos concejales de nuestra ciudad expresarse como el despreciable adivino de la tele. No hace falta un nivel universitario para conocer los problemas de tu sociedad y solucionarlos por la vía de la administración local. Pero ayudaría. Con simplemente con exigir cursar primero de carrera para un cargo plenario, filtraríamos a tres cuartas parte de la bazofia que impregna de superglue su sillón. Pero como las listas abiertas, la trasparencia de ingresos o bienes patrimoniales, o la limpieza en las oposiciones de empleo público, son utopías escandinavas irrealizables en mentes mediterráneas. Por suerte Europa está ahí cerca, si dejara de ser sólo un emporio de control económico (o liberalizador más bien) y participara en aplicar normas justas en todos los rincones de su territorio. Parece una tontería, pero cuando vemos salvajadas (humanitarias y ambientales) en lugares tan cercanos como Marruecos, y pensamos en que no hay nada más allá de una policía represora, un rey cabrón y unos oligarcas fanatizados por la religión, conforta encontrar nuestra identidad española y europea.

En eso estaremos en las próximas décadas.

Un abrazo,
Miguel Ángel Torres.

2 comentarios:

  1. Brillante. Me quedo sin palabras.

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  2. Muy buena reflexión. Si no he entendido mal, aborreces cualquier uso de la violencia para conseguir fines y criticas una especie de desierto intelectual en la sociedad actual,tan mediocre pero en la que aun ves que hay lugar para la esperanza de mejorar, de ser mejores como sociedad y como personas. Y al final concluyes que sería aceptable pedir una determinada formación académica a los políticos locales en Vélez, para así impedir que los mismos zotes de siempre se eternicen en sus sillones.

    En la última parte estoy de acuerdo contigo, y creo que habría introducir reformas para que la clase política en general tuviera un determinado nivel de formación, porque a nivel local, no solo en Vélez, basta darse una vuelta por los pueblos pequeños, para darse cuenta de que tenemos, por poner ejemplos reales, al panadero o al albañil dictando como Alcaldes electos, decretos de licencias de obras sin expedientes, y sin el más mínimo informe técnico, por que como explican "conocen el pueblo como la palma de su mano". Pero ¿y qué hacemos, si en las elecciones municipales se ha implantado un clientelismo bochornoso, y se vota a este porque tiene empleado a no sé quién, o porque me va a dar trabajo ...?

    Pienso que una persona que no tiene determinada formación no puede llevar las riendas de un Ayuntamiento, por mucho apoyo técnico que tenga, porque le falta la capacidad para entender, expresarse de forma eficiente, y lo más importante, para cumplir la ley y hacerla cumplir.

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