miércoles, 10 de noviembre de 2010

Sahara saharaui



Dicen que la curiosidad rompe el saco. Qué pena que esa curiosidad no rompa la ignorancia de los españoles sobre la mayoría de las calamidades que suceden en el mundo a diario. Qué lástima que esa curiosidad se focalice casi siempre en los cotilleos, contaminados por la concienca del Gran Hermano, si para sentirnos más felices tenemos que meternos en la vida de los demás. Esto, en cierto modo, genera flacidez mental, menos que una predilección por el egoísmo que nos convierte en seres insensibles a los problemas ajenos.

Por eso, apenas nos llega el eco de voces sangrantes que proceden del vecino Marruecos o, si algo rebota en nuestros tímpanos, no dejan de ser sonidos vacíos carentes de significado. Así es como, desde nuestra burbuja impenetrable, vemos a los "moros" todos metidos en el mismo saco y nadie acierta a comprender que existe un conflicto vergonzoso allá al otro lado del Estrecho que nos concierne a nosotros directísimamente, - binomios aparte.

Persiste en el Sahara Occidental un conflicto territorial que lleva años sesgando al por mayor la vida de inocentes. Un muro construído por las autoridades marroquíes de más de dos mil setecientos kilómetros separa la zona en dos. Esta aberración está siendo vigilada constantemente por 150.000 soldados y es rodeada por 4 millones de minas antipersonas. ¿Contra qué terrible ejército invasor se defienden nuestros vecinos? Pues nada más y nada menos que contra el Frente Polisario, un movimiento político-cultura a cuya cabeza se encuentran un puñado de guerrilleros de étnia saharaui, los cuales han visto progresivamente menguar sus esperanzas de conseguir lo que creen que es suyo por derecho histórico: la tierra de sus ancestros.

He aquí el escenario. Fijémonos en el origen; pulsemos el botón de rebobinado. Hay sorpresas que desvelar.

Rondaría el año 1975. El Sahara Occidental era una de las últimas colonia española a punto de ahogarse en sus propios vómitos. Desde los años 50 se había producido un proceso de Descolonización que nos habría llevado a abandonar otros territorios del norte de África. No obstante, ésta se resistía tozudamente aunque, al final, bajo la presión de fuerzas internacionales, España tuvo que ceder. El Generalísimo,- binomios aparte -, se encontraba moribundo en su lecho de muerte, supongo que empachado después de cuarenta años de Dictadura forjada con mucha mala leche (y es que el tiempo no perdona ni a Dioses, ni a civilizaciones, ni a ideologías... ni a mediocres fantoches de sable largo). Así que no tomó cartas en el asunto, o si lo hizo, ordenaría: - ¡desalojad la zona con suma rapidez para que los oficiales allí al mando puedan acudir a mi funeral! -. De este modo, los españoles pusimos pies en polvorosa y, sin mediar media palabra, nos largamos de aquel sitio. ¿Qué repercusiones tendría aquellos actos?

Esto fue el principio de un eterno suplicio. Haciendo oídos sordos al referendum para la independencia del Sahara, los marroquíes iniciaron la conocida "Marcha Verde" y se anexionaron el territorio a espaldas de toda negociación. Lo que siguió a este episodio se resume en 16 años de guerrilla, la construcción de un muro fuertemente militarizado y un número incontable de muertos a causa de las minas, la represión del Gobierno marroquí y las escaramuzas esporádicas. No fue hasta 1991, poco después de la caída de la antigua Unión Soviética, ¡qué casualidad!, que la ONU negoció un alto el fuego, lo que significó el estancamiento total del conflicto. Desde entonces, la parte norte y oeste del Sáhara Occidental quedaría bajo control marroquí, y la parte Este, fronteriza con Mauritania y Argelia, en manos del Frente Polisario donde instalaría varios campamentos en Tinduf (Argelia). El muro separaría a familias, clanes, vidas, sentimientos y sueños.

Y ahora vuelta al presente. Hartos de no ser escuchados, de ver como los países occidentales miran hacia otro lado, de vivir en condiciones extremas, de tener que perder algún miembro de la familia a causa de una mina al intentar cruzar al otro lado; aburridos, quizá, por la reiterada jerigonza de los gerifaltes del Frente Polisario, más de 20.000 saharauis se han concentrado en unas tierrras inhóspitas, en mitad del desierto, pero en territorio marroquí, llamado el Aaiún. Esto ha desencadenado en manifestaciones de protesta del pueblo saharaui y la rápida movilización de las fuerzas de seguridad marroquíes con la finalidad de desalojar el campamento. Postdata: enfrentamientos entre ambos bloques y saldo de varios muertos del que aún no se tienen cifras fidedignas.

Detrás de todo este embrollo político hay una verdad que, como suele ocurrir en estos casos, está disfrazada, oculta tras una máscara que muestra las cosas a medias, o no las enseña como deberían de exponerse. Porque vivimos tiempos de mediocridad, de mentiras aterciopeladas a bajo coste, en donde las mentes hipnotizadas por la televisión deboran a mansalvas las heces que sueltan los noticieros sin reparar en cuestiones que hagan dudar de las informaciones. No es oro todo lo que reluce; ¿el vaso está medio lleno o medio vacío?

El asunto que se traen entre manos todos y cada uno de los países implicados en el conflicto del Sahara guarda tras de sí oscuras raíces que, si se revelaran, casi nadie las creería o, más bien, nos daría igual asumiéndolas como algo absurdamente cotidiano, tal es el envenenamiento del ser humano. Por eso, el hombre de a pie no recaba en ello. Las raíces subyacen en una cuestión básica que ha acompañado a la civilización desde los albores: la guerra por los recursos energéticos. El Sahara occidental posee en las entrañas de su panza el mayor yacimiento de Fósforo del mundo. De hecho, España fue el mayor exportador de este no-metal multivalente mientras poseímos esas tierras. También, sus costas son riquísimas en bancos de peces; digamos que posee aguas tan fértiles que suponen un trozo de pastel exquisito para los carroñeros pesqueros del Primer Mundo.

El juego de intereses, si lo observamos detenidamente, es enorme. Ya en los años 7o, cuando las zarpas marroquíes acecharon el territorio, habría países que se alinearon a favor de éstos a cambio de misivas bancarias para sus empresas. Aunque hubo alguno que se quedaría fuera de estos compromisos secretos y, como respuesta, ayudarían al Frente Polisario en su lucha proporcionándole armas y suministros (esta historia se repite continuamente en el siglo XX: Afganistán, Irak, Arabia, Vietnam, etc. - como telón de fondo la Guerra Fría). Pero la URSS se desmoronó en 1989, surgiendo un nuevo orden mundial. Así que, cogito ergo sum, las potencias que pujaban en formato de fosfato por fin llegaron a un acuerdo comercial y se repartieron el pastel. Enterraron el hacha de guerra y se olvidaron de los saharauis, del Frente Polisario, de las minas, del muro, de los mejores postores -el Gobierno de Marruecos- y de los sentimientos manipulados tras más de 15 años de conflictividad.

Y ahora el Aaiún. Los gases lacrimógenos, los chorros de agua a presión, las barricadas improvisadas, las hogueras de odio, los gritos desgarrados, los brazos inquisidores, los uniformados en fila, los disparos, los muertos, los helicópteros sobrevolando el campamento, la morbosa exclusividad de los periodistas, las noticias del incidente, las opiniones internacionales, las repercusiones: ninguna.

Pasarán los días, las semanas y los meses. Al final, este incidente quedará olvidado a excepción de los grupos de activistas pro-saharauis, que seguirán reivindicando desde sus oficinas o frente a los consulados un referendum para estos desamparados. Los lupinos empresarios europeos agitarán la cabeza con triste expresión cínica por las víctimas habidas, se cruzarán de brazos y mirarán al suelo con desdén. Los políticos, títeres de estos magnates, entre irreprochables condolencias, emplearán la diplomacia para minimizar los hechos después de haber instado al rey de Marruecos con amenazas de humo. Los españoles cambiarán de canal y seguirán viendo el programa "hormigas blancas" donde siete maniquíes del muñeco diabólico lapidarán al famoso de turno por unos cuantos miles de euros.

Nadie hará nada porque el fósforo corre por sus venas como la raya de cocaina que unas horas antes se han metido por la nariz... Sic transit gloria mundi


4 comentarios:

  1. Según el sistema jurídico internacional, el territorio del Sáhara Occidental sigue teniendo vínculos legales y jurídicos con España, pues en lo que al derecho internacional se refiere no se le reconoció autoridad alguna ni a Marruecos ni a Mauritania. Esto implica que podemos hacer algo que va más allá de lo hecho hasta ahora, y nos hace (a nivel de estado) todavía más culpables de todo lo que en este territorio ocurra. La negación de la realidad y obviar la responsabilidad de ayudar a un pueblo cuando lo tienes en la mano también nos hace culpables.
    Tras la parrafada no me queda más que decir: muy buen post Chesko!!!

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  2. exacto Chankete, esa sería la solución más viable.

    si utlizáramos todas nuestras influencias diplomáticas e iniciativas legales, nosotros desempeñaríamos un papel trascendental en el curso de un posible cambio en el Sahara Occidental; cambio para mejor, por supuesto.

    solo que, como en el post se vislumbra, quizá haya detrás intereses muy fuertes de países occidentales que pondrían mil y una trabas al asunto, provocando que las negociaciones desembocaran en un callejón sin salida.

    Postivo: Habría que intentarlo a toda costa.
    Negativo: el mundo es manipulado por manos poderosas y nosotros somos incapaces de cambiar nada.

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  3. y lo peor de todo para el futuro es que es ficticia toda Unión Europea mientras que sus Estados miembros no se pongan de acuerdo en asuntos fundamentales como estos...no puede ser que al día de hoy los intereses y el hecho de la ocupaci...ón ilegítima de Marruecos no se hayan puesto sobre la mesa de ningún despacho europeo, como tampoco que los gobiernos de Francia e Italia declaren su alianza con Marruecos en este sentido mientras que la opinión pública y el Parlamento europeo se muestra en desacuerdo o no se ha posicionado, ni que sean los gobiernos los que tomen exclusivamente las decisiones de asuntos en los que están implicados derechos fundamentales, como este o el de participación en una guerra (Irak), negando un instrumento que toda democracia debería promocionar y garantizar, el referendum.
    PD. muy bueno el artículo, te da una perspectiva general del conflicto muy clara y un resumen de quienes son los protagonistas en este drama.

    Alberto Pendón

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