lunes, 13 de diciembre de 2010

Oda a la mediocridad


Así que piensas que lo sabes todo, que no necesitas aprender más.

Así que piensas que la vida es un pintalabios de Guerlain y un collar de diamantes; que más allá de los muros de tu palacio no hay nada que pueda cambiar tu parecer.

Mides la felicidad en granos de prestigio material, en el saldo de tu Visa, en el Audi que conduces, en las propiedades que posees.

Piensas que la belleza es eterna; que el botox y las cremas antiarrugas podrán frenar lo inevitable.

Los vómitos y heces que desprende la televisión forman parte del imperio de la persuasión sistemática de los todopoderosos artistas del eufemismo; y contaminan a los pobres borregos del Tercer Estado, quienes se esfuerzan por imitarte, ¡oh, nínfula de arena y sal!

Todos picamos del anzuelo, en mayor o menor grado, pero tú te llevas la palma de oro. No obstante, caerás como todos, y tú, más, desde una altura infinita.

Las olas del mar arrastrarán tu cuerpo para fundirte con la tierra; La belleza narcisista menguará y las cicatrices del tiempo, incontenibles, desfigurarán tu rostro; el legado sucumbirá a la nada, los palacios se convertirán en ruinas, sombras de un antiguo esplendor perenne; y llorarás por lo que fuiste y dejaste de ser con lágrimas tan gélidas como icebergs de tus tristes noches polares.

No te voy a engañar, ésta es la realidad, princesa de la vanidad: ¡He visto sonrisas más sinceras en los miserables sin techo que en el espejo maldito de tu alma!... y, para mi, una sonrisa sincera es más importante que todo lo que idolatras.

1 comentario:

  1. Buenos dias, genial tu escrito, comparto en cien por cien tu pensamiento. Si aceptas peticiones, puedes escribir, sobre el tema en el que los sabios no se ponen de acuerdo? El amor. Tal vez al leerte, me ayudes a entender un poco mis propios sentimientos.Gracias, salud y suerte

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