lunes, 28 de marzo de 2011

Copito y Don Micky



En los tiempos en los que aún la Videoconsola no había irrumpido en los salones del hogar, los niños tenían otros tipos de entretenimientos: los Comics. La lectura era más corriente entre los párbulos aunque fuese a través de viñetas y bocadillos. En este contexto, referenciaré una parte de mi adorada infancia, cuando montaban el "baratillo" los jueves por la mañana.


Me acuerdo que mi madre me daba 50 ptas para comprarme dos comics, a 25 ptas. cada uno. El puestecillo estaba repleto de "tebeos" o "revistas juveniles": Mortadelo y Filemón, 13 Rue del Percebe, Superhumor, Copito, don Micky, etc.


Entre todos ellos mis preferidos eran Copito y don Micky. El primero trataba los dibujos de Hanna-Barbera (los Picapiedras, Scooby Doo, Los Supersónicos, Huckleberry Hound, El oso Yogi, Jonny Quest), estudio de animación que nació a finales de los años 50 y tuvo una gran resonancia a lo largo de las dos décadas siguientes. El segundo, abrigaba los dibujos de Walt Disney y todos los personajes de esta potentísima empresa de animación (el pato Donald, el tío Gilito, Goofy, Micky Mouse, etc.)


Más allá de la tele, los comics eran auténticos instrumentos de entretenimiento, yo diría incluso objetos de culto. Para la infinita mente de un infante aquellos recuadros recargados de dibujos detallistas albergaban todo un universo en el que nos refugiábamos. Eran "pantallas" de papel, mucho más ingeniosos, educativos, que los cartoons que emitían en la "caja tonta". Y, al menos, los niños aprendían palabra nuevas porque leían.


Dedicado a esos comics que nos hicieron sentirnos como niños felices durante tanto tiempo.

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