jueves, 31 de marzo de 2011

La madre y sus hijos

Se acercan las elecciones en mi pueblo, comienza la cuenta atrás. Las bocas de los políticos no paran de vomitan promesas tras promesas en un intento insensato de ganar votos. Por si fuera poco, nos llenan la cabeza de falsas expectativas de un cambio que, al menos para mí, me resulta lejano, utópico, irreal. Da igual quien esté en el poder; por aquí se suele decir que “son los mismos perros pero con diferente collar”.

Aún así, no existe un manual de la buena política. Tampoco hay reglas que suministren unas directrices adecuadas en el proceder de un político. Se es político porque se es, sin importar los conocimientos que se tengan sobre la materia. Sería extraño que un alcalde hubiera estudiado Ciencias Políticas, Sociología o Relaciones Laborales ya que, en caso contrario, la Alcaldía lo puede regentar cualquiera, desde un albañil hasta un abogado de oficio; desde un jornalero a un empresario del aguacate. En cierto modo, esto refleja muy bien los valores de la Democracia en un sentido práctico de igualdad de condiciones. La importancia reside simplemente en contentar al pueblo. No obstante, esta tarea supone el mayor de los obstáculos para un político.

Vélez-Málaga no es un municipio cualquiera, tiene más de 75 mil habitantes, siendo el cuarto más poblado de la provincia. Además, es un lugar con demasiadas complicaciones administrativas debido a su distribución. Alberga un núcleo urbano importante, localidad que se encuentra en un montículo a dos kilómetros de la costa vigilando la vega del río Vélez, con una población de 37 mil almas. Luego, dispersos por 158 kilómetros cuadrados se hallan importantes localidades, cortijadas y barrios ubicados en la costa o en el interior: Torre del Mar, Caleta de Vélez, Mezquitilla, Lagos, Almayate Alto, Almayate Bajo, Valle Niza, Benajarafe, Chilches, los Íberos, Cabrillas, Cajiz, el Trapiche, los Pepones, Triana.

Fruto de esta dispersión habría que señalar el gasto que supone satisfacer a todos ellos, pues cada cual se configura como una unidad independiente del resto dependiendo económicamente de la "metrópolis" de Vélez. Por lo tanto, por poner un ejemplo, cuando llega la Romería, se celebra una en cada núcleo, o sea, que en vez de haber una para todo el municipio, como sería lo lógico, se celebran más de diez. Igualmente ocurre con las fiestas patronales, las ferias, las festividades importantes: un auténtico despilfarro.

A esto se suma las mentalidades de los vecinos de cada lugar. Perdura el arcaico sentimiento de emancipación territorial, el simplón orgullo patrio que crea barreras en las conciencias de los ciudadanos. Los de Vélez se sienten superiores, los de Torre del Mar desean la segregación, los de Almayate y los de otras localidades no quieren estarvinculados a la “metrópolis” y miran a los veleños como gente refinada y soberbia, mientras que éstos ponen de catetos a los que viven en “aldeas”. Es el eterno lastre de “Villa Arriba” y “Villa Abajo”.

No es fácil gobernar en este contexto, si todos los hijos se pelean por el mismo trozo de tarta o se sienten excluidos de la familia. Por eso, Vélez-Málaga es un galimatías supuestamente indescifrable, un municipio formado por gentes de todos los rincones de la Axarquía, que se sienten unidos y al mismo tiempo divididos, que piensan como pueblo pese a la densidad de población, donde perdura un orgullo sórdido, de antaño, anclado en viejos valores atemporales... una madre presuntuosa con un montón de hijos desheredados.


1 comentario:

  1. Y cuando llegan las ansiadas urnas, donde sentimos que se puede arreglar algo, se juntan dos o tres partidos y nos cambian el resultado de los votos, que pena. M.J.

    ResponderEliminar