domingo, 24 de abril de 2011

Bucanero




Noche tibia de heladas añoranzas. Paseo a través de la tenebrosa luminosidad del recuerdo, entre fantasmas del pasado, observando las millas náuticas recorridas, los sufrimientos vividos, los latres olvidados en lo más hondo de mi viejo cascarón. Mientras navego, hallo figuras abrazadas en las entrañas de la oscuridad fundiéndose como las aguas de un río cuando desembocan en el mar, náufragos de las pasiones, deseosos de que el tiempo les rinda pleitesía hasta la eternidad. Son dos faros entrelazados formando una espiral de deseos voluptuosos, para quienes el espacio interior ha dejado de ser individual y ahora se convierte en propiedad comunitaria, ¿Qué más puede desear una alma enamorada en una noche como ésta?


Sin embargo, me asalta un desabrimiento muy amargo que me hace sentir una profunda melancolía. Los veneros puros y cristalinos que antes alimentaban las bodegas de mi corazón se encuentran agotados: Ya nunca más volverá la inocencia, ¡ya nunca más volverá el amor!, emponzoñado por el elixir de la vida maldita que elegí vivir, porque mi vida no es sino un suspiro ahogado, un laberino infranqueable, un error irreparable, una esclavitud a perpetuidad.


Sigo soñando con un puerto donde arribar mi barco, en cuyo lugar me espera la tranquilidad, el orden, el sosiego, como aquella carabela que surcó allende los mares y océanos y, tras infatigables desventuras, consiguió dar la vuelta al mundo, regresar al punto desde donde partió. Dime, gaviota del atardecer, dónde está ese puerto para que yo pueda descansar, ya harto de navegar...



Siempre seré un Bucanero en extinción, sin rumbo y sin tripulación...




1 comentario:

  1. Woah! esto lo has escrito tu? =D. Te digo que cualquier puerto vale, depende de ti como sea ese desembarque, aunque he de aniadir que me siento igual.

    No te desanimes,
    x

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