jueves, 15 de septiembre de 2011

EL VIEJO Y LA NATURALEZA




Una vez, y no hace mucho tiempo, un viejo sabio me dijo lo siguiente:

“Soy como los alcaudones rendones, que le arriendo a todo y nunca termino la canción. Sin embargo, hoy quiero contarte algo muy importante. Los olivos viejos se están perdiendo. El espigón de las raíces de un olivo tiene tres o cuatro metros de profundidad, así llevan unos cincuenta años sin que agarren la humedad. Algo está pasando. Antes, los lomos arteros tenían romanientes, cristalinos veneros, que hoy están desangrados. Esos lomos daban vida a las vegas de los ríos y a las cañadas alimentadas por caudalosos riachuelos. Tiene que llover mucha lluvia calaera durante bastante tiempo para que en esos pechos cale los suficientes metros como para alimentar los árboles. Por encima de esos lomos, en el pasado, flotaba una atmósfera blanca, pura, invisible; ahora flota una atmósfera paisa que son para enfermedades, por su mal oxígeno, y que en ocasiones impide que podamos oler los aromas de la sierra: el romero, el tomillo, los jarales, la manzanilla, los coscojales… Algo está ocurriendo”.



Eso mismo digo yo. Algo está pasando. Y es que la gente se aleja cada vez más de la naturaleza...

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar
  2. Me encanta, como buen jienense que soy¡ Me alegro de conocer tu blog a través de esta entrada. Gracias.

    ResponderEliminar