jueves, 30 de agosto de 2012

El último Edén


Entrada del último Edén

Dicen que los paraísos han dejado de existir, que el hombre ha llegado a todos los rincones del planeta y que no ha dejado ni un palmo de tierra sin medir. Hay ya pocos lugares donde uno puede sentirse apartado de la Civilización y poder vivir exento del "Sistema". Imbuidos por una sociedad tecnológica donde la "máquina" funciona a todas horas para ofrecernos comodidad y bienestar, no nos cabe en la cabeza que puedan haber otros modos de subsistencias, digamos que diferentes a la que estamos acostumbrados, en un sentido ecológico. Sin embargo, aún existen pequeños oasis en los lugares más insospechados

No muy lejos de aquí pude descubrir un lugar verdaderamente especial. Encajado en una floresta y escarpada cañada, regado por un riachuelo transparente, se encuentra el último Edén. Allí, junto al agua, porque el agua es vida, y vida es lo que fluye en sus alrededores. Pero no vida urbanitas; no vida de turistas caravaneros; sino vida en comunión con el bosque, con la tierra, con los animales. 

Diseminados allá y acá, camuflados por el verdor sombrío de los árboles, la gente se ha instalado construyendo un sin fin de variopintos hábitats de todas las formas y colores, adaptándose al medio. Algunos han levantado "tipis" semejantes a los de los indios de Norteamérica; otros han imitado los "yurtas" de las estepas mogoloas; allí una choza de piedra y adobe, aquí un furgón convertido en hogar; más allá una tienda "iglú" y muy cerca de ésta, una casita de madera con su porche orientado hacia el oeste. 


la gran cascada

La gran mayoría de los moradores del último Edén viven sin electricidad, sin luz, sin termostato, sin televisión, sin Internet. Beben del agua soluble de un manantial y se bañan en la "gran cascada". Hay quien tiene un huertecito y cultiva tomates, pimientos, lechugas, acelgas, etc. Hay quien fabrica queso, pan, dulces caseros. También el bosque les proporciona frutos de los almendros, los olivos, las higueras, las zarzamoras, que recolectan durante todo el año .

En el último Edén viven sin preocupaciones y, sobre todo, tienen sus propias reglas ecológicas. Cuando cae la noche se reunen en "the Big Lodge" en cuyo centro se hace de comer para todos, se fuma, se conversa o se toca los instrumentos que allí se encuentran a perpetuidad. Además, cuidan de la naturaleza: no permiten que se haga fuego a excepción de los hogares, prohiben usar jabón en el riachuelo o pasta dentrífica para que no contamine el agua; tienen pozos negros compartidos para las defecaciones, etc.

Durante el día, el último Edén permanece en silencio y puedes escuchar el sonido de la "Madre Tierra". El rumor del río, el canto del grillo, el trinar de los pájaros, el silbido del viento invitan para mantener tu mente relajada, en paz consigo mismo. Por la noche, se oye el batir de los tambores y la música; la llamada del "the Big Lodge".  

No muy lejos de aquí existe un último Edén, y no es bucólico. 


chozas

chozas con energías renovables

chozas

Tipi


Huertecillo y espantapájaros


     
 

2 comentarios:

  1. Sólo un pequeño matiz en la frase "Hay ya pocos lugares donde uno puede sentirse apartado de la Civilización y poder vivir exento del "Sistema"."

    Yo añadiría detrás de: hay pocos lugares, : en la parte "occidental" o en el "norte del mundo"


    Y es que yo he estado en más de uno y más de dos últimos edenes

    ...para alejarse o vivir fuera, o de otro modo, o... en fin, creo que lo único que hay que hacer es estar dispuesto a cambiar una serie de necesidades que nos hemos creado, por una serie de placeres que hemos olvidado

    ResponderEliminar
  2. El paraíso existe....está en los ojos del que mira; no lo dudes.

    ResponderEliminar