lunes, 6 de agosto de 2012

Street Fighter II


 


Mi particular reseña a este videjuego que, sin duda, marcó a muchos niños de mi generación. Incluso antes de que las consolas aterrizaran en los hogares, existían otro formato de diversión pixelada. Estoy hablando de las "salas recreativas". En Vélez, a principio de los 90, se constituyeron nada más y nada menos que unas cinco: el "Mito", la "Bola", el "Vélez", el "Filo" y el "Rabla" (no se si se me olvida alguno). Cada una de ellas era centro de reunión de las pandillas de los barrios, en un pueblo que crecía a pasos agigantados.  
 
 
 
Mencionadas salas custodiaban docenas de máquinas recreativas: unos pesados armatostes de madera  con enormes pantallas de cristal, con dos joysticks y varios botones de colores. Si querías retar a la máquina, debías introducir por una ranura iluminada de plástico rojo la cantidad de 5 duros, o 25 pesetas, que era el estipendio estándar. Y si carecías de "guita" para "enviciarte", esperabas a que alguien echara una moneda, y te pasabas horas y horas viendo a otros chicos machacar el mando.
 

En todas estas salas hubo una máquina llamada Street Fighters II, un videojuego de lucha que dio la vuelta al mundo y que durante años fue líder de ventas. Street Fighter se basaba en un campeonato mundial de artes marciales (a mi me recordaba a la película "Contacto Sangriento" de Jean-Claude Van Damme). Cada participante guardaba una historia particular que se desvelaba al final, una vez ganado el torneo.

Los aspirantes venían de todas las partes del mundo. Ryu de Japón, Ken de U.S.A., Chun-Li de China, Guile de U.S.A., Blanka de Brasil, Edmond Honda de Japón, Zangief de la Unión Soviética, Dhalsim de la India, Vega de España (un luchador que vestía con la indumentario de un torero), Sagat de Tailandia y Balrog de U.S.A. Además, todos ellos portaban técnicas secretas de lucha, algunos de los cuales lanzaban bolas u hondas de energía vital. Por ejemplo, Ryu y Ken, dos competidores que habían entrenado en el mismo Dogo, lanzaban Shoryuken, una técnica que nos recordaba al kamehameha de Goku. El "monstruo final" se llamaba Mister Bison, un personaje enigmático con extremados poderes y del que nadie sabía nunca nada.

Como anécdota, a mediados de los 90, debido a la fama que alcanzó el videojuego, Hollywood realizó una adaptación cinematográfica de una calidad pésima, siendo un fracaso comercial. 

La diversión estaba asegurada, siempre que tuvieras 5 duros en el bolsillo. Más tarde apareció en la Supernintendo, la Sega Megadrive y en las siguientes consolas. Creo recordar que se organizaron auténticos campeonatos del mundo del Street Fighters, al cual nunca tuve el honor de participar, pues yo solo sabía jugar con Ryu, mi preferido, mientas los demás chicos de mi edad sabían "pasarse el final" con casi todos los personajes.


 

1 comentario:

  1. Noooo veas!!!!!!
    Me acuerdo perfectamente cuando pusieron la peli en el cine mi gran amigo Victor y yo deseando que llegase el Lunes para apuntarnos a cualquier Arte Marcial!!!
    Nunca lo Hicimos.

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