miércoles, 17 de julio de 2013

Manifiesto C, de CORRUPCIÓN

¿Qué está pasando en mi país?

Mi país, España, sufre una enfermedad crónica, heredada y adquirida del pasado, fruto de una evolución histórica-política caracterizada por los desequilibrios sociales y económicos. Hoy en día, con la actual crisis, estamos sufriendo las consecuencias. 

¿Cómo se llama la enfermedad?

Corrupción, cuyo síntoma es la falta de unas leyes estrictas que la condenen en todos sus niveles. La corrupción siempre ha existido desde el comienzo de la Democracia. Basta con "googlear" y encontraremos los casos, con sus nombres y resultados. Antes de la crisis de 2007, la corrupción era permitida como una cuestión consuetudinario (formaba parte de la costumbre ciudadana), nadie la cuestionaba porque había abundancia de capital. Ahora, debido al impulso de la Unión Europea y como consecuencia de la situación excepcional en que se encuentra España, se está llevando a cabo una campaña anti-corrupción sin precedentes, que está llegando a esferas inimaginables, aunque todo queda en papel mojado, y los responsables quedan misteriosamente impunes.    

¿Qué podemos hacer?

A mi juicio, no habría cabida en nuestro entendimiento si vislumbráramos la interminable lista de casos de corrupción administrativa desde pequeñas escalas (empezando por la multa de tráfico quitada a un funcionario de un ayuntamiento costero), hasta niveles mucho más elevados (como es el caso de Bárcenas). Entonces, nos daríamos cuenta de lo atrasado que estamos en España con respecto a los países que gobiernan el barco llamado Europa (luego nos quejamos de Alemania o de UK...) Por cierto que aquí en el Reino Unido, el ministro de energías renovables Chris Huhne dimitió -por propia conciencia ciudadana- porque un tribunal le acusó de intentar ocultar una infracción de tráfico, que luego resultó ser de su esposa. Ante tales noticias, y después de mis experiencias en el extranjero, admito pesaroso que me avergüenzo de los españoles que nos gobiernan y de la conciencia ciudadana que aún yace aletargada por la incertidumbre... ¿Cómo podríamos cambiar las conciencias? Ese es el gran dilema que a todos nos trae de cabeza... Pero quizás, si los responsables de todos los casos de corrupción pagaran justamente sus delitos, si esta actividad ilícita fuera castigada duramente y la opinión pública se hiciera eco de ello, si las cuentas en suiza o en Isla Tortuga quedaran al descubierto y desapareciesen los paraísos fiscales, entonces cualquiera que fuera a malversar con el dinero público se lo pensaría dos veces antes de hacerlo...

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