lunes, 28 de octubre de 2013

Carta a Arturo Pérez-Reverte


Estimado Arturo,

Quiero dedicarle las siguientes líneas, corroborando muchas de sus ideas sobre el estado actual de la crisis; el incivilismo y la incultura que los llamados españoles sufrimos en el presente son consecuencia, como usted bien afirma, de profundos problemas estructurales. Por lo tanto, después de analizar su entrevista en el programa de televisión "Salvados", me atrevo a decir que apoyo con plenitud su deslumbrante tesitura, añadiendo lo siguiente: 

La Educación es la clave, desde todas las esferas; desde el seno de la familia, pasando por el aula del colegio y llegando a todos los ámbitos sociales. usted alude al talante "cainista", "inculto" y "envidioso" del español, con mas razón si cabe porque esto se podrían remediar. Aunque estos caracteres viniesen incluidos en el paquete "ser humano - homo sapiens sapiens", la diferencia con respecto a otros países donde he vivido es que tales cualidades quedan relegadas a la privacidad, mientras que en España se respira por todos lados: en la prensa, en la televisión, en los políticos, en las actitudes comunales, en el día a día. Esto, quizás, sea un producto de una hibridez desatada por siglos de estrangulamiento cultural a manos de la Iglesia y de los privilegiados. La base, los ciudadanos, estamos siendo engañado por instrumentos de control. Mientras haya un equipo del fútbol al que seguir con fervor incandescente, una señorita modelo de programas chabacanos a la que adorar, o un político ladrón de éstos de ahora - que roba impunemente sin más consecuencia que una edulcorada sentencia judicial - que sigue en la calle dando "buenos" ejemplos a la sociedad, seguiremos en la cuerda floja. 

Y llegados a este punto, me gustaría remarcar otra cuestión sumamente importante: el de las leyes. Si estos chorizos de traje y corbata, cuyas cuentas bancarias se encuentran en paraísos fiscales infladas por millones de euros robados, acampan a sus anchas por el país sin mayores castigos, y continúan teniendo cargos de responsabilidad económicas; y si, por el contrario, un pobre ratero de poca monta pasa años en la cárcel por robar un televisor o un coche, algo grave está pasando. La ley es interpretativa de los hechos consumados, ¿no es así? Sin embargo, creo que la ley actual se vuelca en favor del que pueda costearse a un buen abogado y no le importe pagar miles de euros, porque seguramente saldrá indemne de castigos. Cuando esto ocurre, la ciudadanía queda enterada y tales hechos nos aleccionan, formándonos una conciencia colectiva insana: somos el reflejo de los que vemos.   

Esto no pasa en otros países; sobre todo los países con una tradición democrática más antigua o experimentada, como los son las naciones del norte. Nuestra Democracia nació muy tarde y casi muere en el parto. El bebé vino al mundo con heridas y estigmas que los médicos trataron de mala manera y hoy en día seguimos viviendo las secuelas.

Las leyes, la Constitución y los engranajes administrativos se han quedado obsoletos, anticuados, creando una atmósfera irrespirable. Quizá, si empezáramos por reescribir de nuevo la democracia, remodelando las leyes, modernizando la Constitución ante los nuevos tiempos, sería un buen comienzo. Pero, ¿quién le dice a un hijo del franquismo, a un socialista burgués o a un sindicalista en nómina que tenemos que cambiar? Todos ellos se cobijan bajo las ramas de este sistema, drenando su sabia... La democracia española está agonizando.

Cordialmente, Super Chaplin              

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