lunes, 11 de noviembre de 2019

Carta a los votantes de Vox de Vélez-Málaga


Soy de Vélez-Málaga. Amo Andalucía y su cultura. Una cosa que hago a menudo es ejercer de embajador cuando me lo permiten. Siempre estoy hablando a mis amigos de la Axarquía, de sus paisajes, de su comida, de sus gentes campechanas, de su historia. Desde hace seis años he estado viviendo fuera de España. He tenido la suerte de viajar y residir en diferentes países, llegando a conocer una amplia suerte de personas y sus culturas. Durante todo estos años he experimentado cómo se siente un extranjero; la soledad, la añoranza de la tierra, lo que menos el rechazo por tus orígenes y lo que más las dificultades del idioma. Ahora vivo en Berlín, pero pienso en Vélez todos los días.

Pese a que me hallo lejos de mi hogar, sigo intensamente la evolución política veleña. Leo cada mañana las noticias de los Medios locales y atiendo con sumo interés los comentarios de sus vecinos. Y hay un asunto que me causa mucha indignación: de sus 80 mil habitantes del municipio, 9.700 han votado a Vox en las generales. Esto es un dato muy preocupante a mi entender. No sólo por el hecho de haber votado a un partido de extrema derecha que se jacta de su extremismo, sino que esto demuestra un claro síntoma de ignorancia o, por consiguiente, consentimiento de sus votantes. No sé si el motor de ello ha sido el descontento, la precariedad de muchas familias o la campaña de difamación que éstos 'putrefactos' han empleado en el último año. Sólo me queda cuestionar si realmente los votantes de Vox de mi pueblo han sido conscientes de su acción. Me pregunto si ellos saben que la política de este partido es xenófoba, racista, homófoba, machista y fascista. Y si por algún caso no supieran lo significan estas palabras, me agradaría explicarlo punto por punto:

Habéis votado a un partido xenófobo y racista porque odian a los que vienen de otros lugares más pobres que España y, especialmente, a los racializados de piel oscura. Han venido derramando en la opinión público el miedo al inmigrante: que si vienen a quitarnos el trabajo, que si vienen a violar a las mujeres, que si traen delincuencia y drogas, que si vienen a copar las ayudas sociales, etc. Haber, se ha demostrado cien veces ya, y no por rumor público sino con datos oficiales, que esto es un BULO. Ahora bien, uno de estos votantes podría decir: "¡Pero yo conozco un marroquí al que le pillaron robando”! Señoras y señores, delincuencia hay en todos los países, y los que lo cometen pueden ser de otras nacionalidades también, no sólo marroquíes, sino ingleses, alemanes, holandeses. Los datos de delincuencia, sin embargo, estiman que más de las tres cuartas partes de los delitos son cometidos por... ESPAÑOLES. Así que no podemos cargar la culpa de la precariedad, - porque es la precariedad y la pobreza lo que hace que se impulse la delincuencia -, a los inmigrantes. En cuanto a los otros puntos, ni los inmigrantes copan el sistema de salud pública, ni nos quitar el trabajo. Hay datos de Cáritas, ONG's y el Gobierno. No es tan fácil adquirir una ayuda social del estado, ni siquiera por tener hijos, porque, en primer lugar, los recortes del Gobierno en este campo han sido brutales en las últimas décadas y, segundo, la burocracia y el papeleo procedente de la administración ejerce de tapón, a veces racista. Y, por último, a los que se creen eso de que vienen a quitarnos el trabajo les invito a trabajar en los invernaderos de Almería, en los olivares de Jaén o en las fábricas de envase agrícola, trabajando 12 horas por un sueldo de risa y, atención, sin asegurar. Les invito además a salir a la calle a vender a modo de 'top manta', experimentando lo que un inmigrante tiene que hacer cuando se le niega el derecho y el permiso de trabajo. "¡Fuera, a vuestro país!", he leído en las Redes, o "Estos moros vienen a imponer su cultura" cuando se topan con el tema del velo. Podría continuar con miles de frases racistas que se dicen en la cotidianidad y que muy pocos se atreven a rectificar o refutar.

El odio que este partido ha inyectado en la sociedad andaluza es repugnante. Odio a Cataluña y los catalanes, simplificando este conflicto regionalista en una especie de guerra civil entre 'españoles' y 'antiespañoles'. He llegado a ver en las Redes Sociales presidentes de Vox quemando banderas de Cataluña y de Barcelona y exponiendo con total impunidad la bandera del aguilucho; o sea, mostrando a puerta abierta sus simpatías por el Franquismo. La respuesta de la cúpula del partido fue el completo silencio, lo que me demuestra el mito del lobo con piel de cordero. El odio está tan arraigado en sus venas que a muchos de Vox les encantaría fusilar no solo a catalanes, sino a feministas, gays, rojos y 'progres ofendiditos', como nos llaman. Lo he leído continuamente en los comentarios de noticias de periódicos de renombre, ya sea locales o nacionales, sin ocultar sus nombres y apellidos. Y lo realmente preocupante es que no son unos cuantos 'trolls' en Internet, sino que esta idea se ha normalizado en el municipio de Vélez como si se tratara de una idea aceptable y respetable. No, señoras y señores, no es respetable ni aceptable. Estáis incurriendo en un delito de odio, ni más ni menos. Como dato os diré que, después de la intervención del secretario general de vuestro partido en el canal de la Primera para las elecciones del 10N, una oleada de ataques racistas (a los peyorativamente llamados MENAS y a cualquier que no fuera blanco) azotó España. ¡No hay derecho a ello!



Después está vuestro absurdo deseo de cambiar la ley de Violencia de Género y llamarla por otro nombre que no es, inventando patrañas descaradas y machistas. La violencia de género es incuestionable a nivel legal: los datos oficiales dicen que es el hombre el que castiga y asesina a la mujer. Ahora bien, llamar a las feministas 'feminazis', contar embustes de las falsas acusaciones de esposas a maridos, sacando a colación esporádicos casos de violencia por parte de la mujer o, lo que es aún peor, no respetando los silencios por las víctimas en todos los ayuntamientos donde estáis apoltronados, lo estimo de un agravio imperdonable.

No voy a hablaros de la idea que tienen en vuestro partido sobre los homosexuales. Que si los retiros para curarlo o estupideces como achacarlo a un asunto cultural y no biológico. Es de una ignorancia tan supina que sería como creer que venimos de la bellota en vez del mono.

Habéis votado a un partido que quiere que la "cinegética" (como ellos llaman a la cacería, la montería o las dudosas 'artes' de la caza) sea una asignatura en los centros educativos. ¿Qué tipos de ciudadanos vamos a ser si queréis enseñar a los niños a manejar un rifle y disparar contra animales indefensos? Por supuesto que la caza es una actividad (y no una cultura) con mucha tradición; pero es una actividad que siempre ha estado ligada a los privilegiados, a la antigua nobleza y a los antiguos caciques de pueblo. ¿Es eso lo que queréis de Andalucía? ¿Retrotraernos al Antiguo Régimen? ¿O lo que realmente queréis es satisfacer las demandas de vuestros amigotes terratenientes a los que se les ha prohibió la cacería de manera indiscriminada?

Habéis votado a un partido que enarbola la bandera de España y se siente orgulloso de su ejército, cuando vuestro líder ni siquiera ha hecho el servicio militar obligatorio que le tocaba hacer. A lo mejor lo más acertado es que lo hiciera ahora para demostrar su fervor patriótico. No me salto el otro inconveniente del mencionado líder: que ha cotizado menos que un aprendiz de mecánico recién contratado, viviendo más de 20 años del erario público: un vampiro en toda regla.

No voy a seguir debatiendo vuestros argumentos de vuestros votos. Sólo os diré una cosa. Estoy casado con una mujer racializada, soy hijo de un carpintero y una madre a la que el sistema patriarcal le negó los estudios y la emancipación (R.I.P.), soy especialista en la represión durante la guerra civil y el Franquismo, tengo 5 libros publicados como vuestro líder, He viajado y conocido muchos países. He visto la pobreza extrema en Latinoamérica, y he tenido amigos que ha sufrido la guerra en sus países. Una vez en Escocia nos llamaron a los españoles con malas palabras y yo les tendía la mano de la tolerancia.

Con todo esto sólo me queda deciros, votantes de Vox, que para mí sois víctima de vuestra ignorancia, de vuestra actitud cerril, de vuestra aburrida e insulsa simpleza. No os odio. No os deseo nada mala. Me contento con pensar que algún día reflexionaréis sobre lo que habéis hecho. Y si no, me quedo satisfecho de que al menos hayáis leído hasta el final.

Feliz lunes, 11 de noviembre de 2019

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