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martes, 11 de febrero de 2014

muertes en el frente

LISTADO DE REPUBLICANOS QUE MURIERON EN EL FRENTE DE GUERRA 
DURANTE LA GUERRA CIVIL. Registro Civil de Vélez-Málaga. Trabajo de investigación propio.

Naturaleza
Nombre
Frente
Fecha
Vélez
Rafael García Luque
Teruel
21-01-1938
Benamargosa
Federico Martín Martín
Aragón
30-08-1937
Vélez
Antonio Guevara Ramírez
Campanario
01-09-1938
Vélez
Fernando Muñoz Prados
Peñarroya
13-01-1939
Torre del Mar
Juan Castro Atencia
Alhama de Granada
23-01-1939
Vélez
Francisco López Campos
Peñarroya
02-07-1938
Vélez
José Vico Camacho
Aragón
17-09-1937
Vélez
Antonio Cabello González
Peñarroya
01-04-1939
Vélez
José González Díaz
Monterrubio
29-01-1939
Vélez
Eduardo Parrón Cubero
Estación Férrea norte de Madrid
12-03-1937
Vélez
Juan Jiménez Martín
Hospital Valencia
27-02-1937
Vélez
Antonio Lavado Sarmiento
Córdoba
07-01-1938
Vélez
José López Campos
Huesca
06-04-1938
Benamocarra
Francisco Díaz Díaz
Santander
14-08-1937
Comares
Antonio Gómez Coín
Rusia
10-02-1943
Vélez
Antonio Zayas Ales
Zaragoza
03-10-1938
Vélez
Manuel Molina Toscano
Cataluña
30-12-1938
Benajarafe
Salvador Postigo Arias
Hospital Monterrubio
-
Viñuela
Francisco Valverde Vallejo
Huesca
-






miércoles, 11 de diciembre de 2013

Francisco Jiménez Puertas. Un personaje olvidado por la Historia


Aquí os dejo un fragmento de mi futura obra: "Francisco Jiménez Puertas. Historia del asociacionismo obrero en Vélez-Málaga 1890-1936".Este trabajo de investigación aún está escribiéndose; pero en cuanto lo tenga terminado, haré todo lo posible por publicarlo.

lunes, 6 de agosto de 2012

Street Fighter II


 


Mi particular reseña a este videjuego que, sin duda, marcó a muchos niños de mi generación. Incluso antes de que las consolas aterrizaran en los hogares, existían otro formato de diversión pixelada. Estoy hablando de las "salas recreativas". En Vélez, a principio de los 90, se constituyeron nada más y nada menos que unas cinco: el "Mito", la "Bola", el "Vélez", el "Filo" y el "Rabla" (no se si se me olvida alguno). Cada una de ellas era centro de reunión de las pandillas de los barrios, en un pueblo que crecía a pasos agigantados.  
 
 
 
Mencionadas salas custodiaban docenas de máquinas recreativas: unos pesados armatostes de madera  con enormes pantallas de cristal, con dos joysticks y varios botones de colores. Si querías retar a la máquina, debías introducir por una ranura iluminada de plástico rojo la cantidad de 5 duros, o 25 pesetas, que era el estipendio estándar. Y si carecías de "guita" para "enviciarte", esperabas a que alguien echara una moneda, y te pasabas horas y horas viendo a otros chicos machacar el mando.
 

En todas estas salas hubo una máquina llamada Street Fighters II, un videojuego de lucha que dio la vuelta al mundo y que durante años fue líder de ventas. Street Fighter se basaba en un campeonato mundial de artes marciales (a mi me recordaba a la película "Contacto Sangriento" de Jean-Claude Van Damme). Cada participante guardaba una historia particular que se desvelaba al final, una vez ganado el torneo.

Los aspirantes venían de todas las partes del mundo. Ryu de Japón, Ken de U.S.A., Chun-Li de China, Guile de U.S.A., Blanka de Brasil, Edmond Honda de Japón, Zangief de la Unión Soviética, Dhalsim de la India, Vega de España (un luchador que vestía con la indumentario de un torero), Sagat de Tailandia y Balrog de U.S.A. Además, todos ellos portaban técnicas secretas de lucha, algunos de los cuales lanzaban bolas u hondas de energía vital. Por ejemplo, Ryu y Ken, dos competidores que habían entrenado en el mismo Dogo, lanzaban Shoryuken, una técnica que nos recordaba al kamehameha de Goku. El "monstruo final" se llamaba Mister Bison, un personaje enigmático con extremados poderes y del que nadie sabía nunca nada.

Como anécdota, a mediados de los 90, debido a la fama que alcanzó el videojuego, Hollywood realizó una adaptación cinematográfica de una calidad pésima, siendo un fracaso comercial. 

La diversión estaba asegurada, siempre que tuvieras 5 duros en el bolsillo. Más tarde apareció en la Supernintendo, la Sega Megadrive y en las siguientes consolas. Creo recordar que se organizaron auténticos campeonatos del mundo del Street Fighters, al cual nunca tuve el honor de participar, pues yo solo sabía jugar con Ryu, mi preferido, mientas los demás chicos de mi edad sabían "pasarse el final" con casi todos los personajes.


 

jueves, 19 de enero de 2012

Marta del Castillo y la guerra civil española




Hay un dolor inmenso, infinitamente desgarrador, que hiere por dentro y perdura toda la vida hasta que nos sobreviene la muerte. Sí. La muerte. Esa verdad única, eterna e incuestionable. La muerte de una hija en extrañas circunstancias, a manos de un asesino que ha logrado eludir la justicia y, por consiguiente, enfrentarse a un justo castigo. Es más, cuatro implicados han sido absueltos del caso sin que sobre ellos haya recaído pena alguna, pese a que las pruebas los señalaban como posibles cómplices de la vil fechoría. Por lo tanto, teniendo en cuenta que la Justicia se basa en la mera interpretación de las leyes, al no encontrarse el cuerpo del delito, el cadáver de la víctima, la esperanza de una sentencia ecuánime y ejemplarizante se hace imposible. Hallan un cuchillo, una cuerda, sangre de la víctima por toda la habitación; el autor material confesó su culpabilidad; reconstruyen los hechos y aciertan a dilucidar que éste no pudo deshacerse del cuerpo solo. No obstante, la cuestión ronda alrededor de una trascendental tesitura: ¿Dónde está el cuerpo de Marta del Castillo? No se sabe. Nadie lo confiesa, ninguno de los cinco. El asesino y sus cómplices se han estado tirando la pelota los unos contra los otros durante el proceso judicial, para colmo de cinismo, mientras que la cabeza de turco, Miguel Calcaño, fue condenado a 20 míseros años, de los cuales más de la mitad no los cumplirá, según los beneficios penitenciarios. Amén. Puede que dentro de cinco u ocho años Calcaño salga a la calle en libertad condicional, y para entonces tendrá menos de 30 años, pudiendo rehacer su vida tan pancho. Por el contrario, los padres de Marta sufrirán el estigma de la incertidumbre por no conocer el paradero de su hija, a la cual habría que darle digna sepultura.




Pónganse por un instante en el pellejo de esta familia, que de tanto llorar sus ojos se han resecado y sus rostros se han transformado en mármol. Poneos en su situación, sintiendo de por vida un dolor hueco, sórdido y tenebroso, pues su hija nunca será rescatada del indigno lugar donde sus homicidas la enterraron; eso si la enterraron. Pensad en esas dos niñas, hermanas de Marta, que crecerán con una daga clavada en el corazón, incrustadas indirectamente a causa de los nefastos acontecimientos; dos niñas que crecerán ahogadas en la angustia de sus padres. Esta desesperación es la peor de las torturas. Pese a que pase el tiempo, cada minuto de existencia supondrá para ellos cuestionarse a diario: ¿Dónde está mi hija? ¿Dónde está mi hermana? ¿Dónde está Marta? Si al menos pudieran enterrarla como Dios manda…




Una vez hayamos alcanzado un mínimo de comprensión, de consolación, por la familia del Castillo, demos un giro de ciento ochenta grados y pensemos en las miles de víctimas de la guerra civil española y el Franquismo. El dolor de esta familia es el mismo que padecieron, y aún padecen todavía, todas aquellas personas que perdieron un padre, una madre, un hijo, una hija, un hermano, una hermana, un abuelo, una abuela, fusilados o torturados hasta la muerte y, acto seguido, enterrados en fosas comunes, bajo algún puente, junto a un olivar, en la orilla de un río, a las afueras de un cementerio: ¡Desaparecidos durante 70 años!




El dolor es el mismo, la tristeza es la misma, las lágrimas son las mismas…



En honor a la Justicia Universal y a los que han luchado por ella.

jueves, 15 de septiembre de 2011

EL VIEJO Y LA NATURALEZA




Una vez, y no hace mucho tiempo, un viejo sabio me dijo lo siguiente:

“Soy como los alcaudones rendones, que le arriendo a todo y nunca termino la canción. Sin embargo, hoy quiero contarte algo muy importante. Los olivos viejos se están perdiendo. El espigón de las raíces de un olivo tiene tres o cuatro metros de profundidad, así llevan unos cincuenta años sin que agarren la humedad. Algo está pasando. Antes, los lomos arteros tenían romanientes, cristalinos veneros, que hoy están desangrados. Esos lomos daban vida a las vegas de los ríos y a las cañadas alimentadas por caudalosos riachuelos. Tiene que llover mucha lluvia calaera durante bastante tiempo para que en esos pechos cale los suficientes metros como para alimentar los árboles. Por encima de esos lomos, en el pasado, flotaba una atmósfera blanca, pura, invisible; ahora flota una atmósfera paisa que son para enfermedades, por su mal oxígeno, y que en ocasiones impide que podamos oler los aromas de la sierra: el romero, el tomillo, los jarales, la manzanilla, los coscojales… Algo está ocurriendo”.



Eso mismo digo yo. Algo está pasando. Y es que la gente se aleja cada vez más de la naturaleza...

jueves, 14 de abril de 2011

La Mujer durante la República

Este pequeño trabajo formó parte de una ponencia que tuvo lugar en el Instituto María Zambrano de Torre del Mar ante sus alumnos, hace ya 3 largos años.

LA MUJER EN LA REPÚBLICA

domingo, 10 de abril de 2011

fotos antiguas de Vélez-Málaga VI

Equipo de fútbol de los Antonianos (a cargo de los monjes franciscanos). 1928.

Reunión de amigos en Plaza del Carmen. Años 30

Fábrica de Albardonería de Francisco Frías García. Obsérvese la edad de las mujeres trabajadoras en otros tiempos en los que ya con diez o doce años era necesario trabajar.


Palco presidencial, plaza de toros de Vélez-Málaga. 1920. Mujeres luciendo trajes de mantilla


Párvulos del Colegio San Francisco (Vélez-Málaga). 1920

sábado, 2 de abril de 2011

fotos antiguas de Vélez-Málaga V

Reunión de familia veleña. Finales del siglo XIX


Reunión de ilustres veleños. 1900. En la calle Álamos, actual Paseo Viejo o de los naranjos.


Serradores veleños. años 30.


Antiguo salón capitular donde se celebraban los plenos. 1920. Actualmente es la segunda planta del Palacio de Beniel, donde se encuentra la Fundación María Zambrano.


Uno de los primeros coches que pisaron Vélez. Propiedad de Francisco Frías García, al volante. Años 20.


Reunión de ilustres veleños. Finales del siglo XIX.

jueves, 31 de marzo de 2011

fotos antiguas de Vélez-Málaga IV

Vista panorámica de la Estación de Vélez poco después de su inauguración. Años 20. Obsérvese a mano derecha un pequeño edificio que consituía la "caseta de higiene" (para las evacuaciones fisiológicas y demás menesteres)

En el Casino, sito calle Magdalena, años 20. Punto de reunión de los señoritos de Vélez. Esta foto representa una de las suntuosas comidas que se celebraba en este local.


Desfile del Corpus Cristi en el año 1930, calle de las Tiendas (al fondo se observa el Camarín de la Piedad), encabezado por las autoridades políticas veleñas entre los que se encuentran Fernando Vivar Torres (3º por la izquierda), José Romero de la Cruz (2º por la derecha), Cayetano Pascual (3º por la derecha)


Murga de "Los Cesantes" escrito por Arturo Pérez Galindo en el Carnaval de 1933 a beneficio de los pobres. Posee un alto contenido político republicano.


La primera alcaldesa de la Historia de la Axarquía era de Canillas de Aceituno y lo fue durante la II República. Se llamaba María Dolores Rivas García y pertenecía al partido Radical de Lerroux. Esta foto es de una entrevista en el Diario El Popular de Málaga (1933)

viernes, 4 de marzo de 2011

fotos antiguas de Vélez-Málaga III

Estas fotos han sido donadas por María José Peláez, veleña afincada en Gerona. Desde aquí le agradezco enormemente su colaboración con el Blog. Estas fotos pertenecen a una serie de postales que se hicieron en los años 60, cuando llegó la era del turismo, claro está, en los inicios.


Plaza de San Francisco, la fachada de los Granadinos y el Palacio de Beniel al fondo.

La fuente que dotaba de agua al barrio de la Gloria y el Pajarillo. Estaba ubicado en los aparcamientos actuales del Palacio de Beniel. Actualmente se encuentra frente a la casa Cervantes.


Plaza de San Roque, frente a la Policía Local

Vista aérea de la Plaza de las Carmelitas. Fíjense en los árboles la de sombra que daban.


Parque de Andalucía, con anterioridad, por entonces aún se mantenían los pies de farolas de principios de siglo cuando el alumbrado era de gas.


La fuente de los cuatro caños.

Casa del sindicato vertical C.N.S. Mas tarde, durante la Transición, fue el Ayuntamiento (Plaza de la Constitución)


Capuchinos. En una esquina el símbolo falangista pues allí había uan escuela elemental (donde hasta hace poco estaba la sede de Correos)

El Paseo Nuevo o de los naranjos con una moto vespa a la derecha.


Plaza del Espinal del barrio de la Villa y nutridas macetas (típico por entonces)



Puerta Real de la Villa,



Barrios. Muchas macetas.


Barrios. Muchas macetas.


miércoles, 2 de marzo de 2011

fotos antiguas de Vélez-Málaga II

Antes de que llegasen los tangas, los bikinis y los bañadores pegados. Torre del Mar años 30

La Primitiva Iglesia de Torre del Mar, mucho más bonito que la que hay actualmente

Reunión de señoritos de Vélez en el bar de la Plaza del Carmen, en los bajos de lo que hoy es el teatro. Obsérvese las indumentarios, los peinados, los sombreros y los bigotes. Años 20


Puesto de chucherías Feria de San Miguel Vélez-Málaga. Años 20. Obsérvese al chavalillo relamiéndose los dedos, no se si por hambre o por deleite.




martes, 1 de marzo de 2011

fotos antiguas de Vélez-Málaga

Carro en la feria de San Miguel. Años 20.



La Plaza de las Carmelitas, principios de siglo XX. Obsérvese las diablas y los carros típicos.




Celda de la antigua cárcel municipal. Ahora Hogar del Pensionista





Escuela primaria convento de San Francisco 1922






jueves, 3 de febrero de 2011

Los cronistas de mi pueblo


Me pierde la sapiencia de los cronistas de mi pueblo. Los escucho hablar en televisión y se me saltan las lágrimas. Su sabiduría es tan incuestionable que conocen los nombres de todos los ilustres, de todas las batallas, de cada uno de los hechos notables que acontecieron en nuestra localidad desde los parámetros temporales más remotos hasta los momentos menos distantes. Gracias a ellos se han conservado datos históricos que, sin duda, se hubieran perdido para siempre en las arenas del tiempo. A ellos les debemos la conservación de archivos imprescindibles para la investigación de nuestra Historia, porque no se qué filósofo adicto a los psicotrópicos dijo una vez que el que no aprende de ella está condenado a repetirla, mira tú por dónde la importancia que tiene el asunto.

Los cronistas rezuman tanta erudición que llegan a contagiarnos con sus exaltaciones patrias como si nos hicieran entender que el pueblo es el centro del universo; orgullo, virtud, divinidad de sus naturales, donde han residido poderosos reyes, ilustres caballeros, gloriosos artistas y filósofos. Y no puede ser menos. Son lógicas tales alabanzas puesto que pasan horas y horas, día tras día, transcribiendo documentos antiguos, tratando con anticuarios o buscando en las fuentes un nombre, una simple expresión, que haga referencia a la ciudad que los vio nacer. Entonces, hallado el tesoro, gritan ¡Eureka! Acaban de encontrar una información valiosa que podría ser empleada en futuras publicaciones.

Ustedes se preguntarán de dónde sacan tiempo estos virtuosos ratones de biblioteca. Yo les contestaré brevemente. La mayoría de ellos ejerce un puesto en la docencia, en la administración o fueron supuestos archiveros con titulaciones académicas inventadas – perdonados quedan –. Como comprenderán, tener un trabajo así exige un horario muy dilatado, así que el tiempo que suelen gastar en investigar no sobrepasa algún que otro fin de semana o día festivo. Además, tendríamos que sumar las responsabilidades familiares porque todos, o casi todos, tienen una familia que cuidar. De este modo sus producciones bibliográficas se resumen en artículos en revistas muy especializadas, capítulos folletinescos de periódicos autóctonos o libretos de bolsillo para viajes en autobús. No podemos olvidar el hecho de que existen doctos a los que se les concedieron un despacho, por la gracia divina de un señor ex alcalde, en el Archivo Municipal y se dedican exclusivamente a la investigación; claro, remunerado y con fines personalistas. ¡Ojo! Y sin titulación. ¡Qué más da mientras contribuyan al patrimonio universal!

No obstante, llegó el gran día de la Jubilación, o sea, el paraíso, la gloria, el nirvana de los cronistas. Una vez que se han jubilado, ahora tienen todo el tiempo del mundo para castigar sus neuronas removiendo papeles viejos sin que ninguna otra responsabilidad les nuble los sentidos. Al fin pueden escribir una obra póstuma, culmen de una larga trayectoria, y, como punto final, pisar el podium de los ilustres donde se les recordará hasta la eternidad. Estas obras, que concluyen en un santiamén como por arte de mágica, suelen ser anunciadas las veinticuatro horas del día en la televisión comunitaria, machacándonos con spots publicitarios e instándonos a ir de compras, a la librería Capuchinos, y hacernos con un ejemplar de “la pequeña histérica” o “la batalla del pollo presuntuoso”. Eso sin contar con las importantes intervenciones en celebérrimos programas de sobremesa. Me lo paso pipa escuchando las disertaciones a cerca de los libros que escribieron y escribirán, de sus magnánimas aspiraciones, de su extraordinaria sapiencia A este ritmo seguro que muy pronto las autoridades políticas no tendrán inconveniente en ponerle a una calle el nombre de un cronista o, lo que es lo mismo, otorgarle una medalla de oro al mérito. ¿Por qué no? Los hay que ya la lucen orgullosos en los pasillos del hogar.

Viniendo a colación, les contaré una pequeña historia que, quizá, de la vuelta a la tortilla. Por supuesto que lo hago sin ofender, con el debido respeto, desechando cualquier supuesta concupiscencia, Dios me salve.

Érase una vez un párvulo de unos doce años que acababa de salir de la clase de Historia con la cabeza llena de excavaciones arqueológicas, culturas antiguas y viajes de ultramar, a quien le habían metido en el cerebro a nuestros amigos los Fenicios. Ante tanto comedero de tarro le surgieron numeras dudas existenciales. Si quería solucionar ese tormento mental, le recomendaron visitar el Palacio de Beniel porque, según le contaron, allí existía la obra de un alemán, un tal Hermanfrid Schubart, el cual había realizado un montón de intervenciones arqueológicas en Toscanos y alrededores a finales de los años 70, sacando a la luz, nunca mejor dicho, los restos de los primeros colonizadores, marineros y comerciantes, que vinieron navegando de la lejana Finiki y se instalaron en la costa peninsular. ¡Oh! ¡Qué maravilla! De esta forma conseguiría despejar la incertidumbre de una vez por todas. Así que, sin pensármelo dos veces, se marchó hacia allá aquella misma tarde.

Nunca antes había estado en el Palacio de Beniel. Para sus ojos de párvulo aquel lugar se le antojaba el castillo embrujado de los cuentos de hadas. La enorme puerta de la entrada, ya de por sí, le inspiraba miedo. Eso sin contar con las paredes frías y desconchadas, la columnata del patio y la marmórea escalera, con el viejo artesonado a punto de caerse lleno de nidos de golondrinas, que comunicaba con la segunda planta, los cuales reverberaban misticismo por los guiños de la luz crepuscular. El interior del edificio estaba en completa calma, no se oía ni el vuelo de una mosca. Subió arriba y se guió por el susurrante sonido de voces en la distancia, que lo llevaron delante de una puerta entornada. Dio unos golpecitos, asomó la cabeza. ¿Se puede? Al parecer, interrumpió una relevante plática entre tres personas, dos hombres y una mujer, porque se le quedaron mirando muy serios. ¿Qué quieres?, preguntó uno de ellos. El chaval carecía de elocuencia, más bien siempre había sido parco en palabras. Aunque se esforzaba por hablar correctamente, la mente siempre iba más rápido que la boca y solía cometer multitud de fallos. Sin embargo, en aquella ocasión fue lo suficientemente explícito como para que le entendieran. Quiero saber sobre los fenicios, contestó. No llegó a comprender las estridentes carcajadas que soltaron aquellos tres, en aspecto, adalides de la cultura. No pararon de reírse a su costa hasta que transcurrió más de un minuto. Él pensó que les había hecho gracia que un chiquillo tan joven preguntara por los fenicios, o lo mismo fue por su cara de empanado. Nunca lo supo. ¿No eres muy pequeño para esto?, le reprochó la mujer. Lo cierto es que tras varios titubeos, viendo que el chaval era inofensivo, le mostraron el libro de Schubart bajo petición suya; incluso se lo fotocopiaron ya que conocían a su padre, que era carpintero del Ayuntamiento, si no, posiblemente, le hubieran dado largas como a un vulgar niñato. En cierto modo tenía razón la señora. Nada más se puso a leer el libro no tenía ni diea, con tantos tecnicismos que brotaban por miles en la lectura, sumados a los dibujos de perfiles de cerámica que, en un principio, los comparó con monigotes insignificantes, perdonen su ignorancia.

Ese chico era yo. Después de irme, se me quedó un sabor agrio en el paladar. Yo había imaginado que la cultura suponía un bien común al que todo el mundo podía acceder sin tapujos, sin argucias, tal y como nos lo habían enseñado en la Escuela. Pero no estaba en lo cierto. Con el tiempo me di cuenta que la cultura en mi pueblo es el reflejo descarado de viejos prejuicios clasistas que milagrosamente hubieron sobrevivido a día de hoy. El que posee el conocimiento del pasado del pueblo, su historia más secreta, lo guarda como si de un bien propio se tratara y luchará contra otros, a capa y espada, por preservar la exclusividad del mismo, por publicarlo primero, por hacerlo suyo. Poder, ambición y vanidad. Las mismas historias de siempre.

Señoras y señores, e aquí mi primer contacto con esta raza de prohombres de élite que defienden con uñas y dientes la cultura de mi pueblo. A partir de entonces, con el paso de los años, fui conociéndolos, aprendí a tratarlos, compartí incluso ideas con ellos. Sí, no es broma. Me pasé dos años de mi vida expoliando religiosamente cada fin de semana yacimientos de toda la Axarquía (y parte de Granada) con un cronista que llevaba desde los años 60 almacenando toneladas y toneladas de hallazgos en sus aposentos. Trabajé en un proyecto en común con otro cronista que amontonaba en su casa, herencia familiar, cajas y cajas de restos arqueológicos, así como documentos históricos de incalculable valor que no se sabía cómo demonios llegaron a sus manos; creo que, si no me equivoco, incumpliendo la ley por allanamiento de morada. Compartí información con un magnate de la Historia local, un cronista de renombre acreditado, que me dio a cambio de un valioso tesoro documental unas cuantas fotocopias y varias fotos en blanco y negro. Siempre, si os paráis un momentillo, observaréis que hay una cierto rito entre ellos, un rol de comportamiento indudablemente predominante. Yo lo llamo “truco-trato de los gitanos”, como una vez escuché decir a uno de mis amigos cronistas. Esto quiere decir que sí existe intercambio de información entre ellos, por muy raro que parezca, pero nunca olvidan exigir algo a cambio, como un trueque; y en este punto tienden a trapichear convirtiéndose en expertos minoristas de zoco magrebí: esperan ganar, nunca perder en la transacción. De hecho, en una ocasión, un cronista me dio un periódico franquista de los años 40, que por cierto le sobraba porque lo tenía repetido, a cambio de toda mi colección de piezas expoliadas, el fruto de esos dos años de actividad, quizá a consecuencia de mi concicencia intranquila.

¿Qué le vamos hacer? Por sus venas corre sangre de coleccionistas, insaciables piratas y fariseos. Muchos de ellos incluso fundaron, hace ya bastante tiempo, una Sociedad, los llamados Compadres de la Cultura (afortunadamente los del presente no tienen nada que ver con la fundada en los años 80), los cuales se autodenominaron defensores del mísero patrimonio veleño. ¡Qué tremenda ironía! ¿Defensores de qué, si la mayor parte de éste se encontraba empaquetado en sus hogares?

No quiero extenderme más. No vale la pena gastar neuronas en las siguientes líneas, en esta repulsiva verborrea matutina. Pensaréis que me he levantado con el pie izquierdo, que tengo los pelos de punta o que escupo alambre de espino. Puede que sí, puede que no. Aunque me gusta decir las cosas claras cuando hay personas en nuestra tierra que tienen el morro de aprovecharse de los demás y, para colmo, se declaran los mejores, los únicos, los buenos, los salvadores; por un trocito de gloria. A la mierda el protagonismo y a la mierda la gloria. Si todos esos cronistas se juntaran y cogieran al toro por los cuernos, si se movilizaran realmente con el fin de donar sus fondos privados, si tuvieran la delicadeza de compartir con el resto de los mortales sus tesoros, que para muchos no dejan de ser meros objetos de estudio, no más, harían falta siete centros de documentación y siete museos. Pero, por supuesto, no les interesa.

Dicen por ahí que mi pueblo es tierra de artistas, pintores, filósofos y grandes hombres. Yo añadiría también: tierra de grandes coleccionistas .

sábado, 11 de diciembre de 2010

joysticks & teclados

Una vez, no hace mucho tiempo, los niños abandonamos la calle para sumergirnos en mundos de plataformas e imágenes en movimiento. No hace mucho de aquello, ese momento histórico en el cual muchos jovencitos se quedaban embobados delante de una pantalla y declinaban ver los dibujitos de la tele porque se estaban pasando el nivel 20 del bubble bobble. Fue el comienzo de una dilatada evolución de consolas, juegos y lucha entre empresas. el Videojuego se convirtió en algo cotidiano.

Me acuerdo de mi primo Rodrigo y su Amstrad cpc. Me pasaba las tardes encerrado en su habitación jugando al Manic miner, al Emilio Butragueño o a las primeras aventuras gráficas como eran Megacorp o Don Quijote. Recuerdo el ruidillo característico de la Spectrum de mi vecino cuando cargaba los juegos en Disquetes (porque aquellos ordenadores no tenían disco duro). Era la época de los recreativos (el Bola, el Vélez, la Filo, etc.) y le robábamos una moneda de 25 pesetas a nuestros padres para poder "emperrarnos" en las máquinas.

Después, vinieron los joysticks y las consolas; el Alex Kid, el Sonic, Mario Bros., y la carrera comercial entre Nintendo y Sega.

Horas y horas con los ojos como platos hipnotizados por los muñecos en movimiento. Los de mi generación vivimos la evolución de los juegos de dos palitos de la Atari a los grotescos gráficos de la Play3... Eran otros tiempos... pero sin duda, somos consciente de todos esos cambios históricos, cuando el niño dejó el trompo y cogió el mando de la consola.








martes, 7 de diciembre de 2010

La II República

Artículo 3º. El significado de la II República en la Axarquía 1932-1936



SOBRE LA II REPÚBLICA SIGNIFICADO HISTORICO

domingo, 5 de diciembre de 2010

Revolución en la Axarquía 1936

Artículo 2º, sobre la Revolución social durante los siete primeros meses de guerra en a Axarquía

ARTÍCULO 2 LA REVOLUCIÓN EN LA AXARQUÍA

martes, 30 de noviembre de 2010

Sucesos de la Carretera Málaga-Almería 1937

Amigos, comienzo la saga de artículos que escribí hace ya 4 años en el períodico Diario de la Axarquía; éste nos narra los sucesos de la Carretera de Málaga-Almería.



artículo 1 El éxodo de la carretera de Málaga. revision

viernes, 19 de noviembre de 2010

Personajes republicanos veleños V

y para terminar la saga de micro-biografías, Laureano Martín García. último alcalde republicano de Vélez-Málaga

PERSONAJES REPUBLICANOS DE VÉLEZ-MÁLAGA. Laureano Martín García, último alcalde republicano